Edificios de A Coruña

Casa Escudero: El palacio de Juan Flórez

A principios del siglo XX la burguesía coruñesa estaba en pleno apogeo. Una buena racha económica y las urgencias expansionistas de la urbe, propiciaron que algunas de las familias más adineradas buscasen nuevos emplazamientos para sus hogares. Uno de ellos fue el “Camiño Movo” o, como le llamamos hoy, la calle Juan Flórez.

Casa Escudero: El palacio de Juan Flórez
Casa escudero hoy
Casa escudero hoy

Algunos puede que arqueen una ceja cuando escriba, tal y como lo estoy haciendo, que durante muchos años la calle Juan Flórez era un camino deshabitado y sin rastro de civilización. Desde tiempos de Carlos III hasta los primeros años del siglo XX, allí lo único que había era una alineación de árboles. No fue hasta que A Coruña se veía más y más apretada, que algunos decidieron irse alejando de lo que, por aquel entonces, era el centro de la ciudad.

Poco a poco las familias de más renombre fueron poniendo la vista en aquellos solares y comenzaron las construcciones de grandes chalés o pequeños palacetes. El Sporting Club Casino terminó por confirmar la tendencia al construir allí un parque conocido como “Leirón do casino”. A su lado se edificaría una de las casas más envidiables de la zona y que es la única que ha llegado hasta nosotros como vestigio de los primeros caserones modernistas de la, para aquel entonces recién estrenada, calle Juan Flórez: El chalé Escudero.

Lo habéis visto muchas veces, cualquiera que haya paseado por la zona se ha quedado mirando y ha pensado en quién sería el afortunado de vivir en una casa preciosa en una de las localizaciones más valoradas de la urbe. Su insistencia en permanecer en medio y medio de una de las travesías más comerciales, hace que todo aquel que lo ve piense inmediatamente que no pega, que está fuera de tiempo y lugar.

Alonso Escudero nació en una localidad zamorana en 1867. Era hijo de Marcelino Escudero y de Teresa López. El padre era el veterinario de confianza de la ciudad y la madre se dedicaba a tiempo completo a cuidar de sus cinco hijos. Cuando el pequeño Alonso apenas había terminado sus estudios primarios, se mudó a Vilagarcía. Un familiar le había conseguido un empleo y trabajaría, a partir de entonces, como mozo en diferentes tiendas.

Es difícil imaginar que Alonso, a sus 17 años, era consciente en 1884 de que estaba a punto de tomar una de las decisiones más importantes de su vida, pero así fue. En ese año Alonso entró a trabajar en la empresa compostelana Simeón García e Hijos. Allí demostró rápidamente sus capacidades y seis meses después de su contratación ya se había convertido en viajante y representaba a la firma por todo el territorio español.

Una nueva oportunidad llegó para Alonso durante los últimos años del siglo XIX, cuando la empresa compostelana abrió una sede en A Coruña y le ofrecieron regentarla y participar como socio. Fue entonces cuando Escudero llegó a la urbe herculina, convertido ya en un empresario conocido por todo el país y con buena reputación. Apareció en las calles coruñesas con su mujer, una maestra natural de CEE llamada Corona Caamaño. Juntos se asentarían en nuestra ciudad y levantarían negocios que permanecieron décadas abiertos. Además de la sucursal de Simeón García, Alonso puso a rodar otros negocios en A Coruña. Entre otros, destacan los almacenes Nuevo mundo o la sociedad Escudero y Rodríguez S.L. que compró el comercio de tejidos La Verdad.

Los éxitos comerciales de Alonso eran un hecho, había entrado de lleno en las clases más altas de la vida social y pensó que era el momento de tener un hogar a la medida de sus ambiciones. Se unió a otros empresarios en la búsqueda y compra de solares en Juan Flórez. Escudero fue uno de los afortunados, pues llegó a tiempo de colocar su propiedad pegada al leirón do casino que se había convertido en un centro neurálgico para el ocio de la burguesía herculina.

Con un terreno soñado ya en propiedad, se dispuso a encontrar al profesional que levantaría allí la casa que había proyectado para él y su mujer. Se puso en las manos del arquitecto Eduardo Rodríguez Losada que recién terminados sus estudios en Madrid, volvía a A Coruña para dar comienzo a sus obras. La Casa Escudero fue uno de sus primeros diseños, pero ya en ella se podía ver el carácter y la pericia del que se convertiría en uno de los mayores representantes del eclecticismo en A Coruña. En 1915 el palacete ya estaba en pie, dispuesto a recibir a sus propietarios.

Rodríguez Losada lo diseñó con un claro estilo modernista en el que conviven el Art Nouveau francés y la Secesión Vienesa. Así, su aspecto combina la tendencia ornamental del primero y las formas geométricas del segundo. En la construcción que posee cuatro plantas, hay muchos elementos que destacan. A la entrada, en el número 18 de la calle Ferrol, se accede a través del elegante jardín y de una peculiar escalinata. Los detalles como los que observamos en balcones y balaustradas son los elementos que más personalidad aportan al edificio. Siendo obligatorio mencionar aquí las ménsulas de rostro femenino. Aunque sobre cualquier otra cosa, el tesoro de la Casa Escudero es, sin ninguna duda, su torreón mirador de forma hexagonal.

Apenas 10 años después de aquella soberbia inauguración, la empresa Simeón García decide abrir una sede en Madrid y quieren que sea Alonso quien la dirija. Durante los primeros años el empresario vivió a caballo entre la capital y el palacete de Juan Flórez, pero finalmente optó por abandonar la ciudad coruñesa y su chalé.

Desde entonces, la majestuosa propiedad ha tenido diferentes dueños, a cada cual más particular. Por ejemplo, justo antes de que estallase la Guerra Civil, pertenecía a un republicano que tuvo que exiliarse en Cuba. El bando nacional se apoderó del chalé y lo convirtió en una casa del terror: Sede de la delegación de orden público. Lo que significaba, en pocas palabras, que era el escenario de las detenciones y brutales interrogatorios a presos políticos.

Cuando el republicano supo lo que el bando nacional estaba haciendo con su propiedad, tomó la decisión de donársela al gobierno cubano, con la condición de que sirviese como casa del cónsul isleño. Así, la Casa Escudero pasó a convertirse en el hogar de diferentes cónsules y sus familias. Se mantuvo en esta situación desde finales de los años 30 y hasta 1959.

Desde entonces el palacete de Juan Flórez ha permanecido en manos privadas, deleitando a todo aquel que lo observa e invocando recuerdos de una época completamente distinta de A Coruña. Son tesoros como estos que encuentras paseando la vista por las fachadas cualquier día, los que provocan un ímpetu de conocer la historia de nuestras calles e indagar en cómo la urbe herculina ha llegado a ser lo que es hoy.

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