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María Soliña: Ni meiga, ni loca... Mujer poderosa

El próximo sábado 20 de marzo, como parte de los eventos organizados por el ayuntamiento en este mes morado, se realizará un autocine en Riazor con la proyección de la película “María Solinha”.

María Soliña: Ni meiga, ni loca... Mujer poderosa
María Soliña, estatua
María Soliña, estatua

El filme, que será proyectado al aire libre y de entrada gratuito, es una producción gallega, dirigida por el ourensano Ignacio Vilar e interpretada por referentes del cine gallego y por alumnas del Centro de Artes Escénicas de Vigo. Este equipo ha dado lugar a una cinta que narra la historia de María Soliña, una mujer de Cangas do Morrazo que fue acusada de brujería por la inquisición. Así, mediante la experiencia de esta mujer, la película reflexiona acerca de la violencia que la sociedad ejerce contra el colectivo femenino, en pasado y en presente.

 

La historia de María Soliña.

María Soliña nació en Cangas en 1551. Aunque no se tienen demasiados datos al respecto, lo cierto es que debió de nacer en una familia de buena posición para la época porque, por herencia, poseía diferentes fincas y derechos de presentación en la Colegiata de Cangas do Morrazo y en la Iglesia de San Cibrán.

María se casó con Pedro Barba, un pescador acomodado que contaba con su propia embarcación. El matrimonio tuvo hijos, pero no se conoce su número ni su historia. Lo que sabemos es que la familia vivía en el centro de la aldea en una casa de piedra de dos pisos.

Para aquel entonces Cangas era un pueblo en pleno crecimiento económico. Se encontraba bien situado y el comercio del pescado estaba en auge. La mayoría de las familias que residían en la zona se dedicaban a este negocio. Algunos pescaban, otros manufacturaban el pescado para salarlo o prepararlo y otros lo exportaban a las ciudades o pueblos vecinos. La cercanía de Cangas y Vigo, colocaba a la aldea en un lugar privilegiado que le suponía tener un importador seguro y constante de su mercancía principal.

Para algunas familias de Cangas, el pescado fue una certera forma de enriquecimiento y la familia de María fue una de ellas. Su marido fue haciendo crecer su negocio de pesca más y más, hasta que decidió montar una dorna mano a mano con Antonio, hermano de María. Las dornas eran algo así como el escalón más alto en el negocio del pescado en las aldeas: llevaban a cabo todos los procesos dentro de la cadena de producción de la materia prima, desde la pesca hasta la exportación.

En 1617 el crecimiento de Cangas se ve abruptamente detenido. Durante esta época fueron comunes en las costas españolas, los ataques y robos de los temibles piratas turcos-berberiscos. Durante el año 17 estos piratas asolaron la ría de Vigo. Al principio trataron de desembarcar en la ciudad, pero los vecinos presentaron una fuerte oposición y se vieron obligados a huir. Sin embargo no se retiraron del todo y, muy al contrario, pusieron rumbo a las aldeas vecinas.

Una conspiración criminal

Cuando llegaron a Cangas los vecinos trataron de pararlos, como se había hecho en Vigo, pero no tuvieron tanta suerte. Los piratas asesinaron a aquellos que opusieron resistencia en la misma playa. Entre los cuerpos tirados en la arena, estaban el de Pedro y Antonio. Sin un vistazo atrás, los piratas avanzaron contra el pueblo llevándose todo lo que encontraron y arrasando la aldea.

María Soliña se quedó sola, sin dos de las personas más importantes para ella, en una aldea destrozada y profundamente deprimida. Cada noche vagaba por la playa rezando y pidiéndole al mar que le devolviese todo lo que le había arrebatado. Sus súplicas jamás fueron oídas, pero lo que María no sabía era que todavía le quedaba desgracia por vivir.

En el contexto de una Cangas empobrecida, donde ni siquiera los vasallos podían entregarle sus rentas a los señores feudales, María era una mujer muy poderosa y desprotegida. Era poderosa por dos vías: La política y la económica. Con la muerte de su marido y hermano, la mujer se había convertido en propietaria de multitud de bienes. Además continuaba teniendo los derechos de presentación sobre las dos iglesias. Estos derechos le permitían por un lado llevarse una parte de los beneficios recaudados por la parroquia y por otro elegir al titular de las mismas. Esta herencia envenenada la colocó en el punto de mira de la nobleza y el clero que, desesperados ante la situación, harían lo necesario para arrebatar lo poco que quedase en Cangas.

En 1621 la conspiración tomó forma y un grupo de mujeres poderosas fueron acusadas de brujería. Aunque para disimular añadieron en la acusación a algunas mujeres pobres, no quedó encubierta su verdadera intención de expolio que muchos comentaron entre murmullos. Los dedos de los inquisidores señalaron como culpable a María Soliña que fue trasladada a la cárcel secreta del Santo Oficio en Santiago de Compostela. Allí fue sometida a tortura física y psicológica hasta que confesó llevar dos décadas practicando la brujería. Tal fue la brutalidad de los interrogatorios y de la tortura, que la mujer llegó a admitir haber tenido tratos carnales con el demonio.

La inquisición la condenó a ser despojada de todos sus bienes y a llevar el hábito de penitente durante 6 meses. La avaricia de los poderosos la dejó marcada de por vida, con una existencia destruida hasta los cimientos y con unas secuelas físicas y psicológicas que jamás lograría superar.

No hay datos sobre la muerte de María, aunque la leyenda haya deformado la historia no hay nada que indique que fuera quemada en la hoguera como sí lo fueron otras mujeres acusadas de brujería. No se conserva su acta de defunción, ni constancia de esa condena. Hay quienes dicen que María jamás murió y continúa vagando por la playa de Cangas en la noche, pidiéndole al mar que le devuelva lo que le arrancó. Lo innegable es que María representa un ejemplo de la violencia que sufrieron las mujeres históricamente y que el relato de su vida nos servirá para plantearnos muchas cosas al respecto.

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