Crítica de libros

Beat Attitude: Una generación de mujeres

Hoy es 8 de Marzo. Hoy es el famoso 8M. Hoy es nuestro día. Por mi parte, para celebrarlo, me gustaría hablar de un libro: Beat Attitude.

Beat Attitude: Una generación de mujeres
Beat Attitude
Beat Attitude

Se trata de una antología poética en la que solo aparecen mujeres, mujeres de la generación beat. Y si hay algo que me fascina de estas escritoras, es que no reclamaron su derecho a ser... No. Ellas simplemente fueron. Fueron en primera persona, sin pedir permiso y abanderando su propio talento.

El resumen del libro dice así: “Hubo mujeres. Relegadas a un segundo o tercer plano por un canon crítico que, aún en nuestros días, sigue mitificando a las figuras masculinas del movimiento, las escritoras de la generación beat no se limitaron a ser meras amantes, esposas o amigas: también fueron escritoras prolíficas que, en numerosas ocasiones, no obtuvieron el suficiente reconocimiento. Poco sabemos de ellas en la realidad literaria española e hispanoamericana. Beat Attitude, antología de mujeres poetas beats seleccionada y traducida por Annalisa Marí Pegrum, viene a cubrir, en buena medida, ese vacío con una disección que incluye los poemas de Elise Cowen, Joanne Kyger, Lenore Kandel, Diane di Prima, Denise Levertov, Ruth Weiss, Janine Pommy Vega, Hettie Jones, Anne Waldman y Mary Norbert Körte.”

Es cierto que casi todos hemos oído hablar alguna vez de Jack Kerouac, William Burroughs o Allen Ginsberg. Sin embargo, los nombres que enumera la contraportada del libro son casi desconocidos. Existe una enorme cantidad de motivos por los que el manto del olvido ha caído sobre estas talentosas mujeres, ninguno de ellos relacionado con la falta de maestría o capacidad. No obstante, la mayoría de ellos responden al esquema de una sociedad en la que la mujer, en general, tenía un papel diseñado y preestablecido donde no cabía la posibilidad de destacar por su genio artístico y, menos todavía, en el ámbito literario. Era una época en la que muchas mujeres ya acudían a la universidad, casi siempre, para ser secretaria de alguna empresa dirigida por hombres. No es el caso de todas, pero las mujeres de los 50 en Estados Unidos responden a la idea de ser las primeras emancipadas. También fueron las encargadas de abonar el terreno para aquellas chicas de los 60 que reventaron los moldes.

Joyce Jhonson, novelista norteamericana y una chica beat, En su libro: Personajes secundarios explica en gran medida cómo participaron las mujeres en esta generación, cómo eran ellas, cómo se relacionaban con sus homólogos masculinos y cómo de difícil era salir de los roles y estereotipos preestablecidos. En el prólogo de ese libro lo describe así:

“Una chica tenía que quedarse en casa de sus padres hasta que se casara, aunque trabajara de secretaria un año o dos para adquirir un poco de mundo, el justo. Ni la experiencia ni la aventura eran cosas de jovencitas. De todos era sabido que tanto la una como la otra entrañaban contacto con el sexo. El sexo era cosa de hombres; para las mujeres resultaba tan peligroso como la ruleta rusa; un embarazo no deseado amenazaba la existencia misma en más de un modo. Y por lo que al arte se refiere, esas decorativas jovencitas desempeñaban los papeles de musa y admiradora.

Las que abandonamos el nido carecíamos de un modelo a seguir. No queríamos ser como nuestras madres, ni como nuestras maestras solteronas, ni como las curtidas profesionales que salían en las películas. Y nadie nos había enseñado a convertirnos en artistas o escritoras.[…]

Nuestra formación universitaria nos permitía ganar, a golpe de tecla, unos 50 dólares a la semana que a duras penas nos llegaban para comer y pagar la renta de un diminuto apartamento en Greenwich Village o North Beach; lo poco que sobraba se nos iba en unos zapatos o en la factura de la luz.[…]

Ninguna advertencia nos hubiera frenado, tan ansiosas estábamos por abrazar la vida y la realidad en todas sus facetas. Estábamos dispuestas a disfrutar incluso de las penurias.

Nos enamoramos de hombres que eran unos rebeldes, por supuesto. Caímos rendidas enseguida, convencidas de que nos llevarían con ellos en sus viajes y sus aventuras. No contábamos con ser rebeldes por nuestros propios medios; no contábamos con la soledad. Y en cuanto encontramos a nuestros homólogos masculinos, nuestra fe ciega nos impidió desafiar las antiguas reglas que regían las relaciones entre los hombres y las mujeres.

Éramos muy jóvenes, y la situación se nos escapaba de las manos. Pero sabíamos que habíamos hecho algo muy valiente, casi histórico: Éramos las que nos habíamos atrevido a irnos de casa.

Los que quieran entender a las mujeres beat deberán considerarlas de transición: un puente a la siguiente generación, la que en la década de los sesenta —cuando el derecho de la mujer a irse de la casa de sus padres ya estaba fuera de discusión— cuestionaría todas las ideas preconcebidas que limitaban la vida de la mujer y asumiría la larga tarea, jamás acabada, de transformar las relaciones con los hombres.”

Beat Attitude es una antología sobre esa historia, sobre las vidas de esas mujeres. Sus versos, algunos salvajes y urbanos, otros delicados y profundos; nos ayudan en buena forma a entender los pasos de gigantes que algunas tuvieron que dar para que todas llegásemos a hoy.

Elise Cowen: La historia de una mujer Beat.

Elíse Cowen es una de las mujeres que aparecen en el libro y es, también, la que tuvo una de las vidas más duras de todas. Elise nació en Nueva York en 1933 en el seno de una familia judía de clase media y muy conservadora.

El choque cultural con sus padres era tremendo y brutal. Elise se sentía enjaulada, continuamente cuestionada y rechazada por su propia familia. Muchos creen que es esto lo que explica que la chica sufriese depresión desde muy joven.

Estudió en la sección femenina privada de la universidad de Columbia, donde conoció a Joyce Jhonson. Juntas conocieron al grupo central de la generación Beat. Cowen se enamoró perdidamente de Ginsberg. Mantuvieron una relación durante un año que, finalmente, terminó con la completa salida del armario del poeta. Aunque continuaron siendo amigos siempre, lo cierto es que Elise jamás superó esa separación.

La vida de Elise fue un no parar de conductas dañinas: Abuso de las drogas, relaciones tóxicas, problemas psicológicos no tratados, enfrentamientos con su familia…

La joven estaba cada vez más perdida y deprimida. Ingresó por petición de sus padres, a colación de su bisexualidad, en un hospital psiquiátrico donde la trataron con la famosa terapia de electroshocks.

Con 28 años Elise Cowen no podía más. Acababa de pedir el alta voluntaria del hospital donde se estaba tratando una hepatitis y algunos signos de psicosis. Fue a casa de sus padres, un apartamento en un séptimo piso. Llegó, fue al salón y se suicidó tirándose por la ventana.

Pese a que su familia se encargó de quemar gran parte de su obra por el contenido relacionado con su homosexualidad y el uso de drogas, tenemos la suerte de que algunos de sus escritos hayan sobrevivido. Elise luchó mucho para ser lo que quería ser, para llevar la vida que quería llevar. Esa lucha la podemos ver claramente en sus poemas.

Dama

La dama es una cosa sumisa
hecha de agua y muerte.
La moda la viste con sobriedad y
usa su mente para coserle la bastilla.

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