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José Palazón: "Se ha abierto un mercado de niños en España: ¿quieres 5.000 euros por niño?"

Niños de 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 años. Un niño pequeñito en la calle, es de una vulnerabilidad absoluta. Imaginaros un niño vuestro, se moriría al segundo día. Y esos niños no, están intentando sobrevivir. El profesor  José Palazón especialista en menores explica que “En Melilla, mucha gente protesta: Estos cabrones vienen y te roban, te cogen, de la frutería, la fruta, si no la comida del supermercado y te roban el móvil”… 

José Palazón: "Se ha abierto un mercado de niños en España: ¿quieres 5.000 euros por niño?"
Niños de la calle (foto cedida por Jesús Díaz Pereira)
Niños de la calle (foto cedida por Jesús Díaz Pereira)

¿Alguien piensa que un niño pequeño, no come, no le gusta llevar ropa, no le gusta andar de pie, no le gustan las cosas de los demás niños? ¿ Y cómo lo hacen? Tienen que robar una fruta, una lata de atún, una camiseta. Tienen que robar, sí, lo tienen que hacer porque están en la calle. 

¿Quién los maltrata? La gente que dice que son despeinados, que tienen la cara sucia, que son unos guarros, que son unos maleducados. En general, la población responde así, porque quien no quiere manifestarse, porque entienden la situación y no hacen nada. Saben que si hacen algo, y se ponen de parte de los niños en algún momento o en alguna circunstancia, va a haber una reacción contra el niño, por supuesto y contra él, por defender al niño. Ayudarlos así sale caro, muy caro. Y si una de las veces fijas la vista en él y lo quieres ayudar ya no vas a querer dejar de ayudarle nunca. 

José Palazón vive en Melilla y uno de los trabajos que tiene es convencer a la gente de que no hay que permanecer impasible y tener la sensación de que no nos toca algo que está pasando aquí. Las fronteras no son sólo las fronteras que vemos muchos por la televisión, de alambre; ni las personas afectadas son esos negritos que vemos, saltando las vallas, o esos niños que andan por la calle, que son y que tenemos que defender, sino que en otros sitios, tan lejos, tan lejos de aquello, como es este, pues hay también otras fronteras, son fronteras que tenemos todos: los negros, los blancos y los chinos… En la sociedad hay fronteras que limitan nuestra vida, nuestras opciones, nuestras oportunidades, nuestros derechos y que no debemos permitir. Y la actitud nuestra es una actitud delirante hacia ellos, los que ponen esas fronteras invisibles que están en las mesas de los despachos, en algunos juzgados, en los medios de comunicación y que tienen un efecto demoledor sobre nuestras vidas.

Palazón se encarga, además, de los menores que llegan a España, que están solos, que no están acompañados, y que ahora vienen a decir que invaden nuestro país y que están sobresaturados por varias partes de España, (Melilla, Ceuta, Andalucía, Madrid, Barcelona), porque hay una cantidad enorme de ellos que está viniendo a España. Eso dicen, ¿no?... Y nosotros estamos allí, en Melilla, atendiendo a todos los que podemos. 

Todos los que tienen 18 años, en Melilla, desde hace ya tiempo, se ven privados del permiso de residencia que tienen que tener por ley. Cuando cumplen la mayoría de edad se les quita ese permiso de residencia y cualquier otro documento que acredite que han estado cuatro o cinco o seis años allí, criándose en un centro en donde les han educado y enseñado cosas, han hecho cursos, han ido al colegio y  cuando cumplen los 18 años se les retira la documentación, el mismo día de su cumpleaños, y se les expulsa. Les ponen de patitas en la calle, sin la documentación legal, ni el permiso de residencia y sin ningún papel.  Y si tienen, por ejemplo, un carnet de un cibercafé, también se lo quitan. 

Salen sin nada, con una bolsa negra de basura, unos pantalones, unas zapatillas, los zapatos, unos calcetines y la poca ropa que puedan tener. Y el chico sale con esa bolsa a una ciudad pequeña, lógicamente llena de policía, que enseguida le ven; le piden la documentación, no la tiene, y lo llevan a la comisaria. Entonces, inician un expediente expulsión y ese niño, que se ha criado en la ciudad, resulta que 24 horas después, puede estar expulsado de España. 

Claro, ese niño que se ha criado allí no se lo puede creer. Ha llegado a un centro, en el que le dicen pórtate bien, si lo haces vas a tener un futuro, ir al colegio, aprender cosas, ser un hombre de provecho y cuando termines te quedarás con nosotros que vas a tener un trabajo. Pero cuando cumplen 18 años se encuentran con eso. 

El resto de niños que están en el centro, lo ven y ¿qué pensaríais vosotros?, son niños, pero no tontos… Piensan “me va a pasar igual, yo voy a estar en el centro un año, dos, tres, cuatro… Voy a ser bueno, no voy a armar follones, voy a estudiar y a sacar buenas notas ¿Para qué?”. Saben que todo es mentira. 

Lógicamente, esos niños dicen "me voy, se acabó". Tienen redes sociales y se lo cuentan, entre ellos, por teléfono, porque son amigos de niños que ya están aquí, que han llegado a la península, o que están en Francia, o en Alemanía y que hay sitios donde las cosas son muy distintas. Donde un niño llega y lo escolarizan, le dan documentos y cuando es mayor de edad siguen manteniéndole durante un tiempo, para ver si logra adaptarse a la sociedad en la que tiene que desarrollarse. 

Los niños pequeños y cuando digo pequeños digo con ocho años, dicen: “Me voy. ¿Para qué estar aquí hasta los 18 años? Para nada”.  Piensan “Marcho porque tengo un amigo en San Sebastián que ya es mayor de edad, que está en un piso, que tiene una novia, o que se ha casado y que tiene hijos”. Las perspectivas de futuro en San Sebastián son muy diferentes a las de Melilla, que son cero. Los niños se van, pero es lógico. Entonces, explica Palazón “esos niños son malos porque se quieren ir”. Tienen el puerto y entran de polizones a la península. 

Echarlos por la mayoría de edad implica un desprecio evidente hacia los críos. Se sabe que eso va a pasar. Cuando echan a un mayor, o le quitan la documentación, y saben que la policía lo detiene, también saben que los pequeños se van a ir. Niños de ocho años, aunque también puede haber alguno de 13, 14, 15 o de 18 se marchan porque el sistema que tienen no les merece ninguna confianza. Porque no creen en este sistema de protección. 

Cuando le dices al niño pórtate bien, estudia, no armes follones y estate aquí, ellos ya saben que es mentira y saben que los estás engañando y que los vas a echar y se hace intencionadamente. 

La famosa avalancha que dicen que hay de niños no es cierta. Este Gobierno que tenemos ahora, ante las quejas de Melilla, Ceuta, Andalucía y Madrid, ha liberado, para paliar esas necesidades, 40 millones de euros y ha pedido solidaridad a las Comunidades Autónomas en el reparto de menores por el territorio español. 

Según la ley española de protección al menor, cuando un menor llega a este país, llegue como llegue, tanto si llega a Melilla, como si llega por avión a cualquier aeropuerto, la Comunidad Autónoma que lo recibe, o que lo detecta, tiene la tutela, y no es una opción, es la ley. Porque aquí hay que hablar de ley, no de lo que quiero. Porque es un tema muy serio y tenemos leyes que lo regulan. 

Cuando se tiene un hijo, si tú lo puedes mantener o no, no hay posibilidad de elegir que sea tu niño, lo es y tienes una responsabilidad en eso. Si un niño llega a España y cae en una comunidad autónoma pasa lo mismo, ese niño es suyo y no hay opción del político de turno, sea del partido que sea, de negar: “Ese niño no es mío”.  No, señor político, usted no tiene esa opción, usted se come al niño, lo tiene que tutelar, darle una habitación, una cama un estudio y tiene que prepararlo para que sea una persona libre, mayor, independiente y suficiente como para vivir su vida.  Eso es así. 

Sin embargo, la opción del Gobierno hoy ante un número de niños que dicen que está desbordando la capacidad del sistema de protección de hace 20 años, que no se ha reformado, ni adaptado, ni ampliado; el Gobierno, ante las quejas, libera 40 millones de euros y pide a las Comunidades autónomas solidaridad. Que cojan niños de Ceuta, de Melilla o Andalucia. Quien recoja niños le vamos a financiar a esos niños. Un Gobierno hace un llamamiento a la solidaridad en un tema de acoger a niños. La mayor parte de las comunidades autónomas no han respondido. Los que han respondido son Ceuta, Melilla, Andalucía y Canarias. Tienen esos 40 millones y tienen unas peleas bestiales porque les caiga, y a la mayoría de ellas les importan un pito. El Gobierno de Ceuta dice “eso no es nada, no salimos de pobres”… ¿cómo que no salimos de pobres,  de qué estamos hablando? 

Hay unas leyes que dicen de quién son los niños, un Gobierno que dice que hay que tener solidaridad y luego unos Gobiernos pequeñitos, de Comunidades Autónomas, que están diciendo “no salimos de pobres” ¿Es que hay un mercado de niños en España? Tocan a 5.000 euros por niño. Si en Galicia se acogiera un niño y lo tuvieran en un centro propio, o en un centro que esté dado a una ONG o a una empresa privada, pues el Gobierno le da 5.000 euros por cada niño. Y hay peleas en algunas comunidades. Hay otras que, ante ese concepto de solidaridad, dicen ¿qué solidaridad hay que tener? y otras que se están matando por esos 5.000 euros. En realidad se ha abierto un mercado de niños, pero ¿cómo puede haber un mercado de niños. Cómo un niño puede ser objeto de solidaridad, de compra-venta y de entrega?

¿Quieres 5.000 euros por un niño? Parece horrible. Aunque estaría bien que en vez de 40 fueran 80 millones, si el niño viene a la Comunidad de Melilla y está tutelado por Melilla, que ahora dicen que tienen 1.000 niños y es mentira. La asociación ha reconocido que ha aumentado en 200 niños no en 1.000. Claro, que mil niños, son 5.000 euros cada uno, y en realidad tienen 200. Pero si el niño viene, vamos a cuidar al niño. Si tienen 1.000 niños de verdad y piden esos 5000 euros el Gobierno lo que tiene que hacer no es pedir solidaridad y quedarse con esos 1.000 niños más, que dice que tiene, sino garantizar que se cumplan las obligaciones legales que tienen con los menores, porque es una obligación legal de atenderlos. Quizá simplemente comprobar que tienen zapatos. Ahora, en invierno, que está lloviendo allí, los niños van con sus chanclas de playa andando por la ciudad y con poca ropa; duermen 12 en una habitación de 4 y muchos de ellos están sin escolarizar. Entonces, el Gobierno tiene que decir: “No. Si quieres 5.000 euros por niño mira que los niños vayan bien y si tienen 1.000 niños a lo mejor el Gobierno de Melilla se forraba, pero el Gobierno central tiene que ver que si no cumple hay que quitarle los 5.000 euros que les envió. Eso parece mucho más correcto y se debía de cumplir para recibir un solo euro del Gobierno, que está dando fondos para ese tema, y pidiendo solidaridad, creando un mercado que no viene a cuento.

Digo que es mentira el número de niños que dicen las comunidades autónomas porque están dando 5.000 euros por cada niño e inflando las cifras. En Melilla afirman que tienen 1.000 niños. El director del puerto de Melilla dice que al puerto entran 17.000 niños, cada año, de polizones en los barcos. Mal síntoma ese, si el director del puerto de Melilla dice que hay 17.000 niños para irse en los barcos, cada año, y se le hace caso, había que empezar a pensar qué sistema de protección de menores tienen en Melilla, que los niños escapan de ahí. 17.000… Eso no se lo cree nadie. Nosotros, en la asociación, atendemos a los niños y también a los mayores que están en la calle. Refugiados que tienen prohibida su libertad obligatoria. Un refugiado aquí, en la península, puede moverse por todo el territorio nacional y una persona que pide asilo en Valencia, puede venir a Galicia y lo único que tiene es que ir a la policía e informar que está en Galicia. En cambio en Melilla no.  Allí, para salir, tienen que recibir expresamente un permiso de la policía, lo tienen que autorizar y, normalmente, no se da ese permiso con facilidad. Damos de cenar ahora mismo a unos 60 menores y unos 70 u 80 mayores de 18 años. En determinadas épocas del año pueden ser cerca de 200.  

Si son 100 los que hay la calle, que intentan irse en el barco, vamos a poner, no son 17.000. Son esas mismas 100 personas las que han intentado 170 veces ir al puerto y cada vez que entran, cuentan como uno nuevo. Por ejemplo, si la policía está allí en el puerto, los cogen les pegan, les quitan los zapatos, les echan fuera y los sacan del puerto sin zapatos, castigados y sin identificar. Pero ese niño va a intentar otra vez volver y otra vez… 

Y lo mismo pasa en el Centro, la policía los coge por la calle y lo llevan otra vez al Centro de menores. Pero en el centro de menores no quieren tener a niños que la líen. El niño de la calle, el niño con mala cara, el niño despeinado pues no tiene cabida en un Centro de Menores. Es muy fácil echar a un niño de cualquier sitio, pegándole un tortazo, poniéndole mala cara, pegándole una patada, diciéndole: ¡vete que te doy! y el niño sale corriendo. 

El objetivo del Centro con esos niños despeinados, de la calle, que sube la policía, es quitarlos de en medio, que no contaminen más todavía el ambiente. Cuando echan a ese niño no se registra en la policía. 

Ahora mismo, hay un registro en la policía en el que todo niño solo,  no acompañado, debe estar registrado, para saber cuántos niños hay en España y dentro de la  Unión Europea. Cuántos niños salen y están solos deambulando por ahí, cuántos niños llegan y están identificados, por si cambian de centro y aparecen en otro lado. Los tienen que identificar, pero claro si los echan, ya no los identifican. Entonces, para la Ciudad autónoma hay un niño y para la policía hay 200. Al final ni unos, ni otros saben lo que están diciendo, ni nadie sabe cuántos menores extranjeros hay. Aunque digan que son 27.000 en España, están manejando datos que no controla nadie. Y ese dinero va a ser repartido sobre cifras que van a ser absolutamente inciertas. Y que sirven para dar más o menos dinero, que es lo que está pasando. Pero al fin y al cabo, lo importante para quien está en estos temas, no en temas políticos, es que todos esos niños van a seguir con sus chanclas de plástico y sus mochilas endebles sin que nadie sepa donde están, ni quiénes son.  
 

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