Acabar con la solidaridad con los refugiados

La Unión Europea no sólo inclumple el Derecho Internacional al no dar asilo a quienes huyen de la guerra y la persecución. También quiere acabar con la solidaridad de la ciudadanía europea con las personas migrantes.

Abdalrahman-min
Familia de Nafeh Hajhussin en el campo de refugiados de Polycastro, Grecia. Foto de Xosé Abad.

Ya hace décadas que la UE aplica la misma receta a las personas migrantes: cerrarles las puertas y hacer que en lo posible las ciudadanas y ciudadanos europeos no podamos ver cómo mueren en el trayecto. Para ello ha construido vallas y ha firmado acuerdos con los países de origen y los países limítrofes con Europa.

Ahora aplica la misma fórmula a las personas solicitantes de asilo. El escándalo fue en 2015 y 2016 cuando cerca de dos millones de personas lograron atravesar nuestras fronteras. Se hicieron visibles en los campos de refugiados de Grecia e Italia y en sus trayectos a pie por Europa, fundamentalmente rumbo a Alemania. Se construyeron vallas dentro de Europa y. sobre todo, se trató de desviar la atención hacia los 160.000 que estaban en campos de refugiados. La UE dio el vergonzoso espectáculo de discutir por una cuota de admisión de refugiados que no llegaba a ser el diez por ciento de los que ya habían entrado en Europa. Posteriormente llegó al acuerdo con Turquía para que impidiera la salida de refugiados en su frontera. Si no entran a Europa, no los vemos y nos podemos olvidar del tema.

Han conseguido invisibilizar a prácticamente dos millones de personas. El único recuerdo "a la vista" son las constantes noticias de personas ahogadas en el Mediterráneo. Ahora van a por ello. Cerrado prácticamente el acceso por Grecia y España, la principal vía de llegada de personas es por Italia. Es difícil que funcione el acuerdo con Libia porque es un país al que la propia Unión Europea convirtió en inviable. En Libia hay más de un millón de refugiados y las pocas noticias que llegan de allí son horribles: esclavitud, secuestro, violaciones... los refugiados son allí un gran negocio. Pero no importa: ahora se trata de que sea la Guardia Costera Libia la que los rescate para que no lleguen a entrar a Europa. Y en eso estorban las ONG que están salvando vidas cada día. Por tanto, ahora se trata de controlarlas, criminalizarlas y desprestigiarlas para restarles todo tipo de apoyo.

Primero el Financial Times sacó a la luz un informe confidencial de Frontex (la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) en el que acusaba a las ONGs de trabajar en connivencia con los traficantes de personas. Después, la semana pasada, Italia planteó un "código de conducta" para controlar a las ONGs que operan en el Mediterráneo (que, en realidad, lo hacen en total coordinación con la Guardia Costera italiana). Y el miércoles pasado, el Ministro del Interior español ha dicho que "favorecen la inmigración irregular".

Está claro que sin el trabajo admirable de estas ONGs morirían más decenas de miles de personas en el mar pero la opinión pública europea no lo sabría. La información estaría controlada por Frontex. Se acabaría la respuesta solidaria que crece y se organiza en toda Europa. Hay que impedirlo y la forma es "que no se sepa". Así pretenden acabar con la solidaridad con las familias de personas refugiadas.