Cultura popular

Crónica de una feria en la madriguera

Inconfundible, mágica, puro arte, autogestión... Estos son algunos de los conceptos que los lugareños relacionan con A Tobeira de Oza. En principio es una librería fundamentalmente de libros de segunda mano con zonas para la lectura y para eventos culturales. Sin embargo, por debajo de esa descripción superficial, A Tobeira es algo más, mucho más.

Crónica de una feria en la madriguera
A Tobeira de Oza
A Tobeira de Oza

Los que conocemos el aire que Fran Barcia ha creado en el Fiandón sabíamos que junto a Daniel Blasco y Daniel Palleiro crearían un maravilloso recuncho impregnado de arte. No obstante, nadie nos salvó de la impresión de la primera visita al bajo número 24 de la calle de la Merced. Boquiabierta al menos me quedé yo al ver los 120 metros cuadrados en los que había cristalizado el proyecto que llevaban dos años barruntando. Estanterías hasta el fondo y hasta el techo repletas de libros, un piano, un escenario y un hogareño ambigú al que solo le falta una chimenea para parecer sacado de mis fantasías.

Cinco meses y varias visitas después de su inauguración Abel García Pantín me avisa: “Van a montar un mercadillo de fanzines en A Tobeira el sábado de mañana a noche.” En el pasado diciembre ya habían organizado una feria así a la que no había podido acudir, pero en esta ocasión no podía perdérmela.

Si traspasar el umbral que separa el local de la acera siempre es una experiencia que te llena de una ilusión parecida a la de un niño llegando a una juguetería de tres plantas, en esta ocasión A Tobeira estaba revestida de un no sé qué vibrante y salvaje. Si alguien se preguntaba dónde diablos se había metido toda la vida que parecía faltarle a la ciudad, os resuelvo la duda: la tenían estos chicos perdida entre los libros. El no sé qué este se adivinaba en las sonrisas mal disimuladas por las mascarillas, en los reencuentros entusiasmados, en los perros campando a sus anchas y en el haber artístico y dispar de la feria. No era el día para perderse entre los lomos de los libros. Era el día para asombrarse con las ilustraciones originales que ofrecían los artistas, los puestos de cerámica genuina y encantadora, los trabajados estampados en telas y camisetas y los fanzines resultado del provechoso talento. Poetas, pintores, ilustradores... Artesanos de todo tipo y pelaje que te decían: “No, esto ya está vendido.” Mientras te ibas cabizbaja.

En el fondo del local la música hacía vibrar los estómagos. Nada más agradable que dar un paseo por un lugar así mientras alguien toca una guitarra, otro un cajón y dan un concierto sin ni siquiera darse cuenta. Mientras tanto, en el ambigú un cocker negro y simpaticón daba la bienvenida a los recién llegados y Dani servía.

A Tobeira de Oza es una isla de arte en la ciudad, uno de esos lugares que le pertenecen a la cultura y donde la expresión reina como alta soberana. Debemos cuidar estos tesoros, mimarlos como se merecen... Al fin y al cabo es nuestra otra casa, nuestra madriguera.

 

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