Exposición de Peter Lindbergh

Crónica de un paseo por la mirada del poeta de la imperfección

Una vieja nave industrial del muelle de batería se reviste de receptáculo eterno para contener las fotografías del maestro de la atemporalidad femenina.
Crónica de un paseo por la mirada del poeta de la imperfección
Lindberg
Exposición Untould stories, de Peter Lindberg

Rasgo este entre otros, que han hecho de Peter Lindbergh una figura emblemática  e inolvidable para la fotografía de moda y para el arte visual.

A Marta Ortega deberemos estarle agradecidos en nuestra ciudad por su personal empeño. Sin el cual hubiera sido difícil que A Coruña estuviese señalada en el mapa como una de las ciudades que acogería  la póstuma exposición de Peter Lindbergh: Untold Stories. La colección de 150 imágenes escogidas por el propio Lindbergh en una tarea titánica que demoró 2 años de hurgar entre sus viejos archivos.

Si no conoces la obra de Peter, como era mi caso hasta hace unos escasos días, esta exposición será un regalo y una sorpresa que podrás disfrutar hasta el 31 de marzo. De hecho será como si pudieras colarte por un rato por entre las bambalinas del éxito, por debajo de la piel de las estrellas, para observarlo todo sin filtros. Lindbergh derrumba el artificio más brillante y coloca frente a la cámara el carácter, la emoción, el instante exacto en el que los focos se apagan y queda la vida sin edulcorar, más salvajemente hermosa de lo que pudieras imaginar. En palabras de Marta Ortega: "Si su fotografía perdura, también es porque no está ligada a una tendencia efímera, sino a la belleza atemporal”. “Para mí, no hay nada más moderno que su manera de tratar la moda. Peter estaba por encima de cualquier frivolidad o floritura, porque sabía ver lo que de verdad importa”

 

El poeta de la imperfección

Fue la Polonia ocupada quien vio nacer a Peter en 1944. Una infancia dura junto a sus hermanos y sus padres le enseñaron el valor del trabajo y el esfuerzo, mensaje que no olvidaría nunca. Su padre era vendedor de dulces y su madre cuidaba de él y de los demás pequeños. A los 14 años había terminado sus estudios y el joven Peter tenía que escoger un oficio. En el hogar familiar sonaron profesiones como la de soldador, pero el chico tenía otra idea: fascinado por la imagen que habían dejado en su mente los escaparatistas de las grandes ciudades, quiso unirse a ellos.

Peter no podía impedir el impulso que le movía hacia el arte, incluso aunque de pequeño su acceso a la cultura en el hogar fuese un tímido diccionario viejo con unas fotografías de África. Este instinto fue el que le llevó a realizar sus primeros estudios pictóricos y a, completamente fascinado por la obra de Van Gogh, trasladarse a Francia siguiendo los pasos de su ídolo. Después de Arles, viajó por España y el norte de África con apenas 80 marcos en el bolsillo y haciendo autostop las más de las veces. Lindbergh ya podía imaginar una vida de carretera, cuando tuvo que regresar a casa por una escasez económica que no le dejaba más remedio.

Al principio todo parecía indicar que Peter sería pintor, pero en 1971 comenzó a trabajar como ayudante del fotógrafo Hans Lux y todo cambió para él. La fotografía se descubrió para él como un fantástico elemento de expresión y comunicación. Se prendó de ella y, poco a poco, la removió hasta sus cimientos.

El genio de Peter no tardó en ser reconocido por algunas de las revistas más importantes de la época. Su primer trabajo de renombre se publicó en la revista Stern.

Nadie imaginaba que pasaría, pero pasó: Lindbergh puso su objetivo al servicio de la moda y la reformuló completamente. Su máxima era la de ir más allá del maquillaje, la perfección y los estándares de belleza. Él quería captar lo atemporal de sus modelos, el atractivo más allá de las máscaras de una belleza de plástico. Esa captura de lo eterno en sus fotografías puede verse en su uso del movimiento, el blanco y negro lleno de grano y la ausencia de revestimientos innecesarios. El carácter o al menos un rasgo genuino de él, era lo que Peter buscaba en las personas que fotografiaba.

Gracias a su humanismo, a su idealización de la mujer y la complicidad que despertaba en sus modelos pudo cambiarlo todo. Consiguió cambiar la idea de lo bello en un mundo marcado por la ilusión de lo perfecto, lo normativo, lo vulgarmente artificial… A él le debemos una generación entera de top models que fueron más que simples estándares. Top models que fueron mujeres y que Lindbergh supo desnudar para entregárnoslas tal y como las recordaremos para siempre después de pasear por las paredes de su obra. 

Peter Lindbergh es el poeta de la imperfección porque es un fotógrafo de la realidad y la realidad es imperfecta. La pasión, la dinámica, el carácter y la multitud de emociones que se trasladan desde sus fotos a tu cerebro; no son más que su forma honesta de entender la vida.

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