Fotografía

Las fotografías de 3 mujeres Magnum en la Fundación Luis Seoane

A partir del 3 de noviembre, la Fundación Luis Seoane acogerá una muestra que recorre la trayectoria de tres de las fotógrafas de la agencia Magnum.

Las fotografías de 3 mujeres Magnum en la Fundación Luis Seoane
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La exposición “Tres mujeres Magnum: Eve Arnold, Inge Morath y Cristina García Rodero” podrá ser visitada hasta el 15 de enero en la Fundación Luis Seoane. Los visitantes podrán realizar un recorrido por las obras de tres fotógrafas que han formado parte de la prestigiosa Magnum. Tres miradas distintas, cada una con su personal enfoque y sensibilidad, que forman parte ya de lo más alto de la fotografía contemporánea.

Magnum y la revolución del fotoperiodismo

Magnum es, a buen seguro, la agencia fotográfica más conocida en todo el mundo. Un renombre que se ganó por revolucionar el fotoperiodismo, pero sobre todo por contar entre sus filas con algunos de los mejores profesionales de su sector. Esta característica está presente desde su fundación en 1947. Algunos de los nombres más extraordinarios que ha dado la historia del mundo de la fotografía formaron una cooperativa con la idea de tomar el control de su obra: Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, George Rodger, David “Chim” Seymour, Bill Vandivert, Rita Vandivert y Maria Eisner fueron los encargados de fundar la agencia que hoy sigue siendo un bastión del fotoperiodismo de calidad.

Magnum llegó para cambiarlo todo desde la base. Como dijo Capa: ¿Por qué ser explotados por otros? Explotémonos nosotros mismos.” Por primera vez los fotógrafos iban a ser dueños de su obra y, por lo tanto, podrían decidir qué foto iban a hacer, cómo hacerla, a quién venderla y cómo presentarla. Magnum ejercía de mediadora entre los medios y los artistas, protegiendo los intereses de estos últimos. Hasta ese momento, las revistas o los diarios, encargaban una instantánea y el trabajo del fotógrafo debía limitarse a sus directrices. Además, nunca sabían cuál sería el recorte final, el pie de foto o si en alguna ocasión señalarían la autoría. Es decir, a partir de entonces las fotos serían propiedad de su autor y no del medio. 

No fue lo único que introdujo Magnum. Quizás uno de los elementos más señalados en la producción de los profesionales de la agencia, sea su equilibrio entre arte y narrativa. Había que contar las cosas, pero no había una sola manera de hacerlo. Más bien, cada mirada detrás del objetivo tenía la capacidad de contar su propio relato, ofrecer su perspectiva. Así, algo que permanece aún hoy en las fotos que salen de Magnum, es que tienen nombre y apellidos. La mácula, la seña de identidad de la persona que disparó el obturador, está presente, es evidente y, de hecho, es protagonista.

La humanidad de Eve Arnold

Eve Arnold nació en Filadelfia en 1912. Era hija de un matrimonio de migrantes judíos naturales de Rusia. En su juventud quiso dedicarse a la literatura y al baile, pero una vez conoció la fotografía, todo cambió. Con 39 años tocó a la puerta de Magnum, sin mucha experiencia, pero con las intenciones claras de dedicar su carrera a contar el mundo a través de una cámara. La aceptaron y, así, Eve se convirtió en la primera fotorreportera de la agencia. A lo largo de sus más de 50 años de carrera como fotógrafa, inmortalizó a artistas de Hollywood como Marilyn Monroe, Clark Gable o Paul Newman; a figuras del poder político como Eisenhower o Malcolm X; pero también realizó fotorreportajes Por muchas partes del mundo  de profundo calado social acerca de temas tan diversos como la migración, la pobreza o el papel de la mujer.

Ante todo, el trabajo de Arnold se recuerda por su particular manera de retratar la humanidad. Era capaz de rasgar los velos que ocultaban al personaje o a la situación, para convertirlos en accesibles para todos. Los que la conocían la describen como obstinada y perfeccionista, pero también como noble y honesta. Es esa honestidad, la mirada sincera, lo que emociona al contemplar su trabajo.

Inge Morath, la sacerdotisa de la fotografía.

Inge Morath nació en Austria en 1923. Sus padres eran científicos y viajaban por toda Europa trabajando en distintas universidades y laboratorios. Eso provocó que Inge pasase gran parte de su infancia de aquí para allá. La familia se estableció finalmente en Berlín y a Morath le tocó pasar su juventud bajo el régimen nazi. Una circunstancia que marcaría para siempre su vida. Estudió filología y comenzó a trabajar como periodista y traductora. Fue en 1949 cuando Capa la invita a formar parte de la agencia como editora. Inge se dedicaba a escribir los textos que acompañaban a las fotos. Poco a poco, a base de estudiar los trabajos que le mandaban sus compañeros, comenzó a interesarse por la fotografía y, en sus palabras, aprendió a hacer fotos sin haber tenido una cámara en la mano. En su posterior obra fue claramente palpable la influencia de Cartier-Bresson; con quien compartiría la obsesión por la composición y el color.

Inge comenzó a sacar fotos en 1951 y, desde entonces, no paró. Magnum la convirtió en una de sus reporteras a la vista de su peculiar talento. Era capaz de encontrar belleza, el arte transmisor de historias, incluso allí donde en principio no había nada que contar. Viajó durante toda su vida, convirtiéndose en una especie de etnógrafa. Las protagonistas de sus fotos fueron en muchas ocasiones las distintas culturas que iba descubriendo y de las cuales se empapaba profundamente. También tiene numerosos trabajos ahondando en personajes del mundo intelectual, artistas o estrellas de Hollywood. Eso sí, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, se mantuvo lejos de los temas políticos, sociales o bélicos. Inge prefería otros detalles, a la gente haciendo cosas comunes o las estampas que definían el carácter de un lugar. Fue Jhon Huston quien la nombró como la sacerdotisa de la fotografía.

Las emociones de Cristina García Rodero

Cristina García Rodero nació en Puertollano en 1949. Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, donde fue docente de dibujo y fotografía. Durante su carrera ha compaginado ambos mundos: el de enseñar y el de retratar la vida. Sus primeros trabajos aparecieron en concursos universitarios a finales de los años 60, pero en 1970 se consolidaría como fotógrafa al ganar una beca que le permitiría publicar el libro: “La España oculta”. En este, Cristina viaja por todo el país inmortalizando las tradiciones y festividades de cada lugar.

Cristina García Rodero no se considera fotoperiodista, ella entiende su labor como el de una creadora. El interés detrás de sus obras no es la noticia, la actualidad o el suceso; sino algo que no tiene fin. Las emociones, los sentimientos y el espíritu humano es clave en sus trabajos. En su trayectoria ha elegido trasladar momentos que se consolidan como hitos en la vida humana por todo el mundo, para retratar la médula del espíritu de nuestra especie.

En 2005 entró a formar parte de la agencia Magnum, convirtiéndose en la primera persona española en hacerlo. Hoy en día, Cristina es una referente de la fotografía internacional, reconocida por el alma que hay detrás de sus obras, por observar la realidad fijándose en los sentimientos que la envuelven.

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