alcoholismo

De la autodestrucción a la redención: testimonio de una coruñesa que encontró esperanza en el Grupo 24 Horas de AA.

Nika, una coruñesa de 41 años, charcutera de profesión, comparte su desgarrador viaje desde la autodestrucción impulsada por el alcohol y las drogas hasta su renacimiento a través del Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos en A Coruña. En este testimonio, revela cómo el consumo se convirtió en su refugio, pero también en su perdición, y cómo finalmente logró recuperar su vida, su familia y su trabajo gracias a la ayuda y el apoyo de la comunidad de recuperación.
De la autodestrucción a la redención: testimonio de una coruñesa que encontró esperanza en el Grupo 24 Horas de AA.
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Nika, coruñesa de 41 años, charcutera.

Cuando empecé a beber, fue como un refugio de mis miedos y complejos, y todo se volvía diferente. Yo me sentía liberada de todas esas frustraciones, sentía que me levitaba con mis primeros colocones. No sólo empecé con alcohol sino también con el hachís a una edad muy joven.

Era una desconexión del mundo, de los problemas, de mí misma. No supe controlarlo, las repercusiones en ese momento fueron problemas con los estudios, los castigos en casa. Yo me sentía mal y dejé la familia.

Me asustaba que siempre que empezaba a beber, terminaba vomitando y pensaba yo que el culpable de mis males era mi padre. Mi primera fuga fue quedarme embarazada con 17 años para escaparme del controlador de mi vida, el cual en ese momento era mi padre, porque me prohibía vivir como yo quería. Con los años descubrí que si bebía y lo combinaba con la cocaína, no vomitaba, podía beber más incluso. Cuando empezaba a beber por aquel entonces, era de forma esporádica; normalmente los fines de semana, pero siempre que empezaba a beber no era capaz de parar.

Las borracheras, las lagunas mentales, el no poder parar hasta que volvía a despertarme desorientada sin casi poder saber ni donde estuve. “Otra vez. Cómo te pudo pasar otra vez”. Mi idea muchas veces era solo ir a tomar algo pero no terminaba hasta el día siguiente, llegaba a casa media zombi al día siguiente, y así durante muchos años, hasta que al final, en los últimos años, fui perdiendo muchas cosas por mi forma de beber: amistades, mi dignidad, el respeto de mi familia, etc. Todo se iba demorando. La enfermedad progresó; durante los últimos años de mi actividad alcohólica ya no era de vez en cuando, era todos los fines de semana, tenía 38 años y parecía que llevaba la misma vida que con 20 años.

Llegó el confinamiento. La situación se me fue de las manos: los miedos, la angustia. Las últimas borracheras fueron las peores: llegaba al trabajo borracha, me mandaban a casa, no llegaba ni a mi casa por miedo a que te vean. Era un horror seguir por ahí en laguna mental.

Un día aparecí a las 6 de la tarde del día siguiente después de 24 horas bebiendo sin recordar nada. Ese momento de llegar a casa es lo peor: te sientes fatal por todo lo que pasó sin ser consciente, quieres morir. Había tantas situaciones malas en mis borracheras que para taparlo empecé a beber todos los días. A veces mezclaba el alcohol con cocaína para aguantar más y seguir bebiendo. Todo por lo que había luchado a lo largo de mi vida lo abandoné: mi casa, mi familia, te alejas de todo el mundo no quieres que te vean. Así el deterioro físico y mental fue muy rápido: en 6 meses casi me veo en la calle, mal en un trabajo que llevaba 20 años haciendo.

Antes de llegar al grupo intentaba estar 24 horas sin beber y ya no era capaz. Desde el día que crucé la puerta del Grupo 24 Horas de AA Coruña, pidiendo ayuda, destrozada, no he vuelto a beber, todo me va mejor. Volví a mi casa con mi familia, no perdí mi trabajo, y el grupo me enseña a tener una vida útil y feliz.

Grupo 24 horas de AA Coruña
C/ Ramón Menéndez Pidal,3 bajo.
A Coruña

De la autodestrucción a la redención: testimonio de una coruñesa que encontró esperanza en el Grupo 24 Horas de AA.