Diversidad LGTBI

Tomás Fábregas: El coruñés que retó a Bush

Durante los años 80 y 90 el sida era un asunto de estado en muchos países. La enfermedad tenía consecuencias médicas, políticas, económicas y generaba una emergencia social.
Tomás Fábregas: El coruñés que retó a Bush
Tomas-Fabregas
Tomas Fábregas

La discriminación contra los enfermos de sida fue salvaje durante estos años y solo algunos activistas lucharon públicamente por los derechos de estas personas que eran “excluidos” privada y públicamente. Tomás Fábregas, un coruñés afincado en EE.UU., fue uno de ellos y se convirtió en un icono de la lucha a favor de los derechos de las personas seropositivas y del colectivo lgtbi. En un primer momento la prensa norteamericana lo llamó la “peste rosa”. En ese tiempo, a principios de los años 80, ni los medios ni la sociedad imaginaban que estaban ante un drama humano y médico que terminaría con la vida de 39 millones de personas. El sida, la enfermedad causada por la infección del VIH, se originó en África en el siglo XX. Aunque no sería conocido hasta que empezaron a descubrirse casos en Estados Unidos. En el año 1981 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU. reconocieron por primera vez la enfermedad y pocos años más tarde dos científicos franceses descubrieron su causa aislando el virus que la provocaba. Más pronto de lo que imaginaban, la enfermedad topó cotas de pandemia.

Al principio la enfermedad se asoció con los hombres homosexuales, causando una verdadera caza de brujas entre el colectivo. Las personas seropositivas eran aisladas por la sociedad, por los vecinos, por los amigos e incluso por la familia. La gente pensaba que el VIH podía contagiarse simplemente con un contacto casual, con un apretón de manos o un abrazo. Este aislamiento llegó a afectar a los niños que no eran aceptados por las escuelas, como por ejemplo el pequeño Ryan White. Aunque, sin duda, los homosexuales, las personas drogodependientes y los inmigrantes fueron quienes más sufrieron esta presión y la persecución social.

Entre algunos grupos de ciudadanos se hizo común la idea de que el sida  era resultado de un “comportamiento depravado” del colectivo gay. Una idea que generó un estigma y que fue apoyada por diferentes sectores de las religiones católica y musulmana que venían a decir que la enfermedad era un castigo De Dios por estas prácticas. Las murmuraciones y las barbaridades que se dirigieron a los hombres homosexuales fueron salvajadas delirantes, sin justificación ni medida y se convirtieron en una preocupante fuente de discriminación.

Pronto surgieron asociaciones y fundaciones que luchaban contra la propagación de la enfermedad, a favor de los derechos de los enfermos y que trataban de eliminar el estigma que se cernía sobre ellos. La San Francisco Aids Foundation era una de ellas. Una especialmente importante para Los Ángeles y para la memoria actual de las personas lgtbi. La fundación es reconocida por muchos motivos, pero uno de los más destacables es el icono y el ejemplo que supuso Tomás Fábregas.

Tomás nació en A Coruña en 1958. Creció en la ciudad herculina y se mudó a Santiago de Compostela a estudiar. Se licenció en geografía e historia y consiguió uno de esos trabajos soñados por cualquiera: Se mudaría a Nueva York para trabajar en la ONU.

Lo que Tomás no pensó fue que unos años después él mismo escribiría una página de la historia de su país de adopción y de los derechos de las personas lgtbi. Se convirtió en activista por la fuerza de los acontecimientos: Era un hombre gay, migrante y había contraído el sida. Su voz se hizo oír en muchas ocasiones clamando por sus derechos, reclamando justicia y haciendo evidente la discriminación a la que se veían sometidos. Sin embargo, se hizo internacionalmente conocido en 1992.

En ese año se celebraba en Amsterdam el congreso internacional sobre el sida. Tomás acudió a él como miembro directivo de la San Francisco Aids Foundation. En plena asamblea este coruñés declaró públicamente que era seropositivo y retó al gobierno estadounidense a detenerle. Aquel era un reto en el que Tomás ponía en riesgo su vida en América pues existía una ley que prohibía a los extranjeros con sida o VIH entrar en el país. Esa fue su manera de reivindicar que la lucha contra el virus no debía ser una lucha contra los enfermos.

Cuando Tomás regresó a San Francisco, ciudad en la que residía para aquel entonces, una comitiva de activistas le esperaba en el aeropuerto para darle la bienvenida, protegerle y agradecer su valentía. La policía no llegó y Tomás no fue deportado o represaliado por sus declaraciones en la asamblea, pero su imagen dio la vuelta al mundo y sirvió de empuje para muchas personas que vivían escondidas, atemorizadas de declarar su enfermedad.

Fábregas murió dos años después de aquella declaración, en 1994. La causa de la muerte fueron complicaciones debidas al sida. No llegó a ver como el Tribunal Supremo de los Estados Unidos le daba la razón con respecto a aquella ley. Tampoco pudo ver cómo esta era derogada y las administraciones del país hacían suyo el discurso de que el enemigo era el virus y no los enfermos. Su recuerdo, no obstante, sigue vivo para muchos. La Unesco ha reconocido su labor, al igual que el ayuntamiento de San Francisco donde incluso le han dedicado un día. Existen los premios Tomás Fábregas en la lucha contra el sida. En A Coruña hay una calle que lleva su nombre y hay muchas asociaciones que trabajan por recordarle y reivindicar su legado. Alas A Coruña trabaja actualmente en un documental sobre su historia y su ejemplo en el mundo del activismo.

 

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