Los Mallos: ejemplo de solidaridad y colaboración desde ayer hasta hoy

Hay cuestiones que vienen de lejos y que continuarán cuando nosotros ya no estemos superando nuestras peculiares circunstancias. El espíritu de Los Mallos nos superará también, al igual que en los 80 no se murió ante otras urgencias sociales.
Avenida de Los Mallos Imagen de Estudio Arte  Fotografía
Avenida de Los Mallos Imagen de Estudio Arte Fotografía

Los Mallos es un barrio de los de antes: familiar, franco y de personas que se saludan en las esquinas. Esta esencia se instaló en la zona cuando se levantaron las primeras casas, cuando los primeros vecinos se ayudaban unos a otros para conseguir plantar los primeros cimientos.

Rondaban los años 50 y el centro de A Coruña ya no daba para más. Vioño era monte y campo todo su alrededor. Cada vez más personas llegaban a la urbe desde las aldeas cercanas convencidos de que aquí construirían una vida mejor. Así, sin plan ni concierto urbanístico, surgió nuestro barrio. Hay grandes sucesos de la humanidad que surgieron como lo hizo Los Mallos: espontáneamente y codo a codo.

Quedan todavía algunos veteranos que recuerdan cómo era aquello, cuando al centro se le llamaba “el pueblo” y parecía un mundo completamente distinto. “Aquí todo eran casas vellas e rotas. Na sagrada Familia era no único sitio onde habían casas novas. Aquí todo eran casas baixiñas, casas baratas”, nos cuenta Marisa Márquez, una vecina de la avenida de Arteixo. “Nada máis que había un edificio de tres pisos, pero era o único que había”, relata. Esta vecina recuerda que existían profundas diferencias con otros barrios vecinos donde se empezaban a construir edificios nuevos: “Este era un barrio moi humilde”.

“Cuando yo llegué el barrio de Los Mallos era una aldea. Eran casitas con sus cerdos, con sus vacas… Una zona rural”, recuerda José Salgado, presidente de la asociación de comerciantes del barrio. “Empezaron a aparecer casas sin mucho orden ni mucho concierto. Construía gente que no era de la construcción”, relata. Salgado recuerda que el barrio fue cambiando muy poco a poco. Los primeros servicios, como el colegio que él mismo dirigió, surgían espontáneamente para cubrir las necesidades de una población que iba creciendo poco a poco. Esos pequeños pasos hacia adelante, al mismo tiempo, atraían cada vez a más gente que se acercaba a la zona para asentarse. Ese aumento en el número de vecinos propició que comenzaran a abrirse los primeros negocios. Salgado recuerda algunos de ellos como Ferpe Joyeros, Foto Arte o La Puerta del Sol.

“Es un barrio que tiene conciencia de barrio”, asegura Salgado y es que la colaboración vecinal de Los Mallos, su unión ante las dificultades, ha formado parte de la esencia del mismo desde el principio. Fue gracias a esa colaboración, a esa solidaridad, que se superaron momentos tan duros como los de los años 80, cuando la droga atacó nuestras calles con especial crudeza. En grandes y en pequeñas cosas hemos visto el crecimiento colectivo de una vecindad que se entiende como familia. Gracias a ella se construyó, por ejemplo, el aparcamiento. Los vecinos se acercaban a Salgado y le daban en mano más de un millón de pesetas para reunir el presupuesto necesario para que Ronda de Outeiro no fuera un amontonamiento de coches sin sentido. “En general la gente está orgullosa de Los Mallos”, afirma Salgado.

El futuro de Los Mallos está ligado a su pasado y su pasado es un ejemplo de solidaridad, de colaboración y de trabajo común. El proyecto que representa a los vecinos es, como en cualquier lugar, el de seguir prosperando y nuestro barrio a demostrado tener una fuerza común capaz de transformar las situaciones más peliagudas, los problemas más acuciantes, para crecer mano a mano.

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