Ante la crisis energética, Brasil entrega Electrobras

Las privatizaciones de sectores públicos son ineficientes (Tony Judt)

El tábano economista

Alguien está equivocando las políticas en Occidente. La moneda rusa, el rublo, tiene el mejor desempeño frente al dólar este año, subió un 15%. Los trabajadores estadounidenses sufren la peor caída en el ingreso real desde los últimos meses de la administración Carter, como muestra el gráfico, y el 83% de los norteamericanos piensa que la economía está muy mal.

La inflación sacude al mundo, los precios de la energía vuelan por los aires, y la crisis alimentaria golpea a los más pobres. La recesión con inflación es un hecho mundial. Pero, específicamente en Europa y Estados Unidos la crisis dejó de tocar la puerta para sentarse en la cocina. La idea de detener la inflación solo con aumentos desmesurados de tasas de interés conducirá a un parate inimaginable a la economía mundial. Las apuestas rondan para que Occidente se estrelle con su frenada, entre finales de este año o comienzos del 2023.

Mientras tanto, los dólares huyen de la bolsa de valores y de los países del sur profundo para refugiarse en los EE.UU., lo que agrava más las cosas en medio de esta estampida de precios de la energía y de los malos resultados en el frente económico. El gobierno de Bolsonaro, con una inflación acumulada en el último año por encima del 12%, se presenta como uno de los principales obstáculos de su campaña para la reelección. El gobierno identificó que controlar los precios de los combustibles puede ser la carta que le queda para intentar volver al juego presidencial. Si Lula continúa liderando con facilidad las encuestas, aumentarán las deserciones, ya visibles en las campañas estatales.

El foco principal sería una batería de medidas para reducir el precio del gasóleo, el gasoil, el diésel, el petrodiésel, que son lo mismo. Es el producto más vendido en Brasil por Petrobras, con un tremendo impacto en los costos de fletes de alimentos. La gasolina tiene un impacto directo en el índice de precios y, por lo tanto, en los grupos de menores ingresos, en los pasajes urbanos, dependientes del uso de diésel en camiones y autobuses, el aumento de los combustibles tiene un enorme impacto, como en toda Latinoamérica.

A los economistas y a los medios lo que les importa es lo que viene, que siempre será mejor y superador. Los que conducen la economía con esta idea deberían prestan mucha más atención a lo que se ve por el parabrisas que a lo que se ve por el espejo retrovisor. Al parecer, como réplica de los errores de Occidente, Bolsonaro quiere que el Estado subsidie el combustible, y al mismo tiempo que Eletrobras, la mayor empresa de generación y distribución de energía de América Latina, la empresa más rentable del sector, sea vendida, agudizando la crisis energética y económica del país, para darle mayor beneficio a la burguesía brasileña.

La posibilidad que la energética se venda a «precio de ganga» no parece tener sentido, o quizás tenga demasiado. Elegido con un discurso privatista, Bolsonaro quiere completar la capitalización de Electrobras antes de las elecciones de este año para demostrarle al mercado su capacidad de llevar a cabo las propuestas de su ministro Paulo Guedes para la economía. Durante el Foro Económico Mundial, en Suiza, Guedes dijo que, si Bolsonaro es reelegido, Petrobras también será privatizada. Ambas medidas, subsidiar el gasoil y privatizar la energía eléctrica, en medio de una crisis, son un contrasentido. Pero este absurdo depende a quién beneficien, quizás no sea una contradicción: aunque pierda las elecciones, puede lograr condicionar a quien gane para gobernar.

Tras la destitución de Dilma, Petrobras, en decisión ratificada por su directorio, adoptó un nuevo plan de negocios y política de precios de combustibles para aumentar su rentabilidad, incrementando los precios y complaciendo así a los accionistas. En 2021, la empresa tuvo una ganancia récord de unos U$S 21.000 millones. Veamos un poco como los grandes ricos de Brasil se quedarán con la energía.

La idea del gobierno es salir de la conducción de la empresa para lo que ideó una capitalización, o sea, una emisión de nuevas acciones que el sector público se comprometió a no comprar. Hoy, el Estado tiene el 75% de las acciones con derecho a voto, las nuevas se dividirán entre inversores privados. El gobierno reducirá su participación en el capital social de Electrobras. La expectativa es que, después de esta reducción, tenga solo el 45% de las acciones con derecho a voto, es decir, menos de la mitad necesaria para que la administración gubernamental sola decida el rumbo de la empresa.

El precio de venta de cada acción está en R$ 42, o U$S 8.23, lo que indica que la capitalización puede llegar a R$ 30 mil millones, o unos U$S 5.800 millones, que se quedaría el Estado, un 28% de las ganancias del 2021, que al parecer la empresa no puede reinvertir. Según los sindicatos de empleados de Eletrobras, toda la empresa vale alrededor de R$ 400 mil millones, unos U$S 79.000 millones; de apoderarse el sector privado de más del 50%, lo haría por unos U$S 10.000 millones menos.

Según expertos, la tarifa tenderá a aumentar debido al cambio en el régimen de concesión de las plantas. Hoy en día, operan en base a “cuotas” y suministran energía con ganancias mínimas. Con el cambio de régimen de concesión, la electricidad de estas plantas se venderá a precios de mercado, que son hasta cuatro veces superiores. El aumento de los costos de la energía impacta los ingresos de las familias brasileñas, pero también tiene un efecto directo en los sectores de servicios e industrial. Es decir, puede causar una explosión de precios.

Esta idea se emparentaría con el mercado y la eficiencia para la prestación del servicio energético y la seducción a la inversión ante la rentabilidad esperada. Pero la idea de su privatización es un poco más simple, y tiene que ver con beneficios privados y no con competitividad de la producción del país o del bienestar de sus habitantes.

José João Abdalla Filho, según Forbes, está en el puesto 18 entre los más ricos de Brasil. Tenía el 1% de Petrobras, y el 12% de Electrobras, además de ser uno de los directores del consejo de la primera. Este mega millonario es uno de los impulsores de la privatización de la eléctrica, pero tiene una serie de particularidades que son dignas de lo peor de la nación sudamericana. En 2017, cuando el entonces presidente Michel Temer anunció planes de vender la empresa, la notificación provocó movimiento de acciones –compra y venta–, en ese lapso José João Abdalla ganó, en un día, U$S 313 millones, una ganga. Esto provocó que el Tribunal de Cuentas de la Federación pidiera a Electrobras información, por las sospechas que hubo una filtración que derivaron en ganancias extraordinarias del accionista, lo que terminó en la nada.

Juca Abdalla fue postulado por el Banco Clássico, del cual es propietario y único cliente, para una vacante en el directorio de Petrobras. Sí, no es broma, Banco Clássico no tiene corresponsales y no autoriza a ninguna persona, física o jurídica, a operar en ningún tipo de préstamo personal o para empresas, como bien dice su página. Tras una maniobra de los accionistas, logró que la votación para la composición del foro ya no se hiciera por listas, sino con votos nominales para los candidatos. Fue elegido, junto al abogado Marcelo Gasparino da Silva, otro nominado por el banco.

Jorge Paulo Lemann es el brasileño más rico, según un ranking de la revista Forbes. Su empresa, 3G Capital, posee cerca del 11% de una especie de acciones preferentes de Eletrobras. Las acciones preferenciales, tal como lo indica su nombre, tienen preferencia para recibir dividendos de la empresa estatal, según Brasil do Fato. Solo en los primeros tres meses de este año, Eletrobras ganó R$ 2,7 mil millones (U$S 529 M), un 69 % más que en el mismo período del año pasado. Lemann obtendrá algo de eso. Pero no solo él.

Sus socios de 3G Capital también poseen parte de Electrobras. Marcel Herrmann Telles es el tercer hombre más rico de Brasil; Carlos Alberto Sicupira el quinto en la lista de hiper millonarios; Alexandre Behring, el noveno en la clasificación. Todos ellos, junto con Lemann, actuaron por la privatización de Eletrobras. 3G Capital nombró a Elvira Cavalcanti Presta en el directorio de la empresa en 2018, mientras la empresa estatal se preparaba para la capitalización. En 2019, Elvira se convirtió en directora financiera y de relaciones con inversores. Durante 2021 llegó a presidir la compañía durante dos meses.

El interés del sector financiero de los mayores magnates de Brasil por Electrobras se debe a su alta rentabilidad, que debe aumentar si deja de ser una empresa estatal y pasa a operar solo con el objetivo de obtener la máxima rentabilidad para sus accionistas. Tiene capacidad para generar el 30% de la energía de Brasil y es dueña del 44% de las líneas de transmisión del país, pero no tiene capital para invertir y mantenerse en ese nivel, o ese es el relato. La empresa necesita ser capitalizada. 

Considerando que la economía brasileña alcanzará mayores niveles de crecimiento y, en consecuencia, habrá un aumento en la demanda de energía, cuanto antes se capitalice, mayor capacidad tendrá para participar de nuevas inversiones. Buen chiste para que cinco vivos se queden, en pleno caos energético, con la electricidad de Brasil.

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