El incienso

Hablar de inciensos se presta a diferentes enfoques y aproximaciones. Es un elemento de la cultura humana que no posee un origen único y parece más que es producto de una respuesta similar en diferentes grupos humanos a situaciones comunes.

inciensos
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En la América precolombina ya los Aztecas utilizaban el Copal, que es una resina de fuerte poder aromático que antecede a la condición de Ambar. En la Biblia se habla del incienso en diferentes ocasiones y formaba parte del culto del Templo de Jerusalén, así como lo es en templos Chinos, Hindúes, Japoneses, etc.

¿Como se origina el incienso? Es fácil suponer que al conocer el fuego, el hombre comprobó que algunas cosas sometidas al fuego emitían un olor agradable y diferente. No hay duda en cuanto al uso del incienso como elemento para mitigar malos olores en lugares con grandes aglomeraciones humanas en tiempos poco afectos al aseo. Cuando vemos el magnífico espectáculo del botafumeiro recorriendo la nave central de la Catedral de Santiago de punta a punta, quizás no nos damos cuenta de lo importante que podía ser aquella fragancia intensa cuando estaba el recinto lleno de peregrinos que en muchos casos venían con votos de no lavarse hasta completar el camino, Pues bien fuese para esconder malos olores o para ambientar delicadamente un lugar, el incienso adquirió un lugar cultural importante. De allí que su uso se hiciese imprescindible en ceremonias religiosas cristianas, judías, hindúes, budistas, etc. Una ofrenda selecta en muchos casos. En la tradición de los 3 Reyes Magos, dos de las ofrendas se pueden considerar elementos aromáticos: el incienso y la mirra que es también una resina olorosa.

Hoy en día se ha popularizado el incienso en sus diferentes presentaciones de las cuales las principales son: Agarbathi (lo que se conoce como varitas), Conos, Dhoop que es un formato a medio camino entre el cono y la varita, el incienso en grano y los aceites aromáticos que sometidos a calor o ultrasonido emiten su aroma también. La forma más popular actualmente tanto en oriente como occidente es el agarbathi o varita. En India, China, Japón y el Pacífico su uso ceremonial está plenamente consolidado. En la India, la producción clásica y artesanal de estos agarbathis se realiza cubriendo un finísimo palito de madera con estiércol de vaca y luego se sumerge en una esencia aromática. El estiércol de vaca tiene un lugar importante en la cultura. Es materia fundamental del fuego ritual para realizar el Agni Gothra (ritual de fuego), se seca y se usa como leña de muy alta eficacia y duración, se utiliza para construir chozas, etc. Actualmente se puede sustituir la base de estiércol de vaca por derivados vegetales con capacidad para absorber las esencias. Lo mismo ocurre con los conos y los dhoops.

Por su origen, los aromas de los inciensos suelen ser de flores, frutas, hierbas, maderas, resinas o combinaciones de estas materias. Los consumidores en general, tienen preferencias muy concretas en cuanto a su incienso. Y más allá de un aroma, a una marca concreta que tiene ese aroma, lo que lleva a tener mucha variedad si se desea satisfacer a la mayoría de los consumidores.

Las tradiciones asignan cualidades y efectos en nuestras vidas a los aromas de ciertos inciensos. Por ejemplo se le atribuyen cualidades purificadoras a la Ruda, Palo Santo, Salvia Blanca, Sándalo y la formidable Tulsi (Albahaca Sagrada), afamada desde tiempos védicos en la India como purificadora y protectora.

Otros aromas se les considera relajantes como Lavanda, Jazmín, Loto, Azafrán y la desconocida flor Parijata de India.

Más específicos son los inciensos que ya declaran su propósito u objetivo: Limpia Casas, Abrecaminos, 7 Poderes, Amor, Protección, Felicidad, Dinero, Atrae Clientes, Contra Envidias y un larguísimo etcétera.

Pero si existe una clasificación interminable en el incienso son los votivos: inciensos que vienen nominados con la deidad o santo al que se ofrece su aroma a cambio generalmente de una petición pendiente y en las más nobles ocasiones como simple acto de agradecimiento o culto.

En algunas regiones de Sudamérica se toma en consideración qué día encender el incienso para mejor resultado.

Si tuviésemos que escoger un incienso para hacerlo el Rey, el más vendido y popular, sin duda alguna, sería el Sándalo. Popularizado por las oleadas de cultura oriental de los años 60 y 70, no solo en incienso, sino en objetos de madera de sándalo, imágenes religiosas y perfumes, siempre se le vinculó al yoga y la meditación. Hoy es una madera escasa y protegida por el abuso su extracción.

Detengámonos un momento para dar su reconocimiento al clásico original. El incienso en grano, muy apreciado por quienes aprecian los rituales a la antigua usanza. A diferencia de las variedades anteriores que se encienden con la simple proximidad del fuego. El incienso en grano necesita un elemento de combustión que suele ser una pequeña pieza de carbón sobre la cual coloca una pequeña cantidad del incienso escogido, generalmente Sándalo, Mirra, Estoraque, Benjui, Franquinciense o Sangre de Dragón.

Los Aceites aromáticos suelen tener las mismas variantes que la mayoría de los inciensos y se colocan mezclados con agua sobre una fuente de calor como una pequeña vela, o en modernos difusores de ultrasonido que no calientan el agua. Las personas con problemas por humo o dificultades de respiración suelen encontrar su solución en esta fórmula de nebulización de aromas.

Últimamente se ha popularizado mucho el uso de Palo Santo en forma de la propia madera, cortada en tacos largos que se enciende como leña y emite su aroma intenso. Y también se recurre a los atados de Salvia y otras hierbas apretadas y amarradas con firmeza, lo que evita un exceso de oxígeno haciendo que se consuma lentamente.

El incienso se ha popularizado muy por arriba de sus usos rituales y religiosos como elemento de confort y ambientación.

Termino con una breve anécdota personal. Cuando yo comencé a interesarme en los temas de la espiritualidad oriental, me aficioné al incienso en especial con olor a Fresa. Mi padre, que naturalmente no entendía en qué andaba yo metido, perseguía como un sabueso el origen de esos olores que me fueron prohibidos totalmente. Muchos años después, es él quién me recuerda la necesidad de utilizarlo en la bodega de la casa de la aldea para repeler insectos. Todo cambia.

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