Queremos la ciudad libre de violencias machistas

Dentro del proceso histórico de humanizacion de la sociedad la mayor lacra, es la discriminación de la mujer.
Es una discriminación instalada en la forma social de todas las culturas y de la que nos debemos librar en la formación de la nueva civilización planetaria hacia la que nos dirigimos.

Queremos la ciudad libre de violencias machistas
Alto a la violencia machista
Alto a la violencia machista

La discriminación de la mujer es una forma de violencia, que se añade a todas las otras formas de violencia: fisica, económica, racial, religiosa... es la violencia de género. En un sistema violento, cuya metodología de acción es la violencia, las mujeres padecen la violencia doblemente: son explotadas por salarios inferiores a los de los hombres; no acceden a los puestos de dirección más que residualmente; sus aportes culturales o científicos no son reconocidos en la misma proporción que los de los hombres; si son inmigrantes, se ven amenazadas y agredidas por redes de trata de personas; en las instituciones religiosas siempre juegan un papel secundario; su cuerpo es controlado por la legislación en la mayoría de países, que no reconocen el derecho al aborto; cuando son objeto de la violencia sexual, la Justicia las convierte en sospechosas; en gran parte de la producción cultural se las presenta como meros objetos sexuales; en la mayoría de las culturas se las relega al papel madres; en todas partes las mujeres son violadas; en síntesis: las mujeres sufren una violencia añadida sólo por el mero hecho de ser mujeres.

Ya en la vida cotidiana, tienen que sufrir un trato discriminatorio no sólo en el mundo laboral, sino también en su medio familiar y de amistades. Incluso en su relación de pareja, está enquistado no sólo el maltrato sicológico, sino el peor de todos: el maltrato físico hasta llegar al asesinato machista.

Es frente a esta situación que se pone en pie el feminismo, planteando el debate acerca de cuestiones tales como la relación entre la vida personal y social, la sexualidad, la crisis de la familia tradicional y la educación, poniendo en cuestión la situación de desigualdad, injusticia y sometimiento de la mujer en las sociedades contemporáneas.

La lucha contra la discriminación que se efectúa en estas sociedades patriarcales ha tomado el carácter de feminismo, constituyendo un avance en el logro de reivindicaciones inmediatas y en la aplicación de leyes de igualdad, leyes que no existían antes de esas protestas y acciones, o que si existían se mantenían formalmente sin aplicación concreta.Se considera predecesoras de las feministas a las “sufragistas” que lucharon por el derecho al voto en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado.

Actualmente la denuncia de la discriminación y la violencia contra la mujer está empezando a coger el volumen que tal situación requiere. Es insoportable cada asesinato machista  que vemos en las noticias, es absurdo que se siga con la brecha salarial y de pensiones; es absurdo que no se reconozca y remunere el gran trabajo que aportan en los cuidados y la educación. Además, las mujeres están tomando la iniciativa en todas partes: basta recorrerse el barrio, nuestro barrio de Los Mallos, para ver cuántos comercios están a cargo de mujeres. Basta participar en cualquier asociación para ver cómo las mujeres se van haciendo cargo del trabajo y la iniciativa. Y, afortunadamente, esta es una lucha en la que las mujeres jóvenes sí recogen el testigo.

Son precisamente las mujeres el mayor factor de esperanza en el avance del proceso de humanización de nuestra sociedad al que hacíamos referencia al principio.

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