Reconciliación para un genocidio cultural

El pasado 13 de julio EuropaPress publicaba una noticia acerca del hallazgo de 160 tumbas sin identificar en el espacio que ocupaba un internado de asimilación cultural forzosa para niños en Canadá.

Esta noticia que puede parecer chocante, no lo es para el país norteamericano. Apenas veinte días antes eran 182 las que se habían encontrado en idénticas circunstancias. En la segunda quincena de junio se hacía pública la aparición de 750 tumbas en otra escuela. En mayo habían sido 210. El listado en el marco de esta investigación se alarga incansablemente, arrojando un chorreo que parece no terminar de tumbas de niños fallecidos y no identificados. Las circunstancias siempre las mismas: Alrededores de las escuelas católicas de asimilación cultural, niños arrancados de sus hogares y nunca devueltos.

Un genocidio cultural

Remontándonos a la colonización de Canadá, un país con más de 38 millones de habitantes que ocupa el norte de Norteamérica, se encuadra tras la llegada de los europeos a América, otros países europeos llegaron en busca de nuevas tierras. Colonos de Inglaterra y Francia llegaron a la parte norte de América y lucharon por mantenerse allí. Francia estableció dos colonias a principios del 1600 en lo que es hoy Canadá: Canadá propiamente dicho (o "Quebec") en la margen norte del río San Lorenzo, y la colonia de Acadia (en francés Acadie), en lo que es hoy Nuevo Brunswick y Nueva Escocia. Después de varias batallas entre Francia e Inglaterra, estas colonias fueron conquistadas por los ingleses en el siglo XVIII. Sin embargo, pese a que la colonia de Acadie fue destruida y sus habitantes dispersados, la colonia de Quebec sobrevivió con derechos reconocidos a mantener su lenguaje y leyes propias francesas, a cambio de la fidelidad al Reino Unido.

Tras la independencia de Estados Unidos, los colonos ingleses que se mantuvieron leales a la madre patria (el Reino Unido) emigraron a Canadá. A través de tratados con las tribus aborígenes, los colonos se establecieron principalmente en lo que es hoy Ontario.

A diferencia de los Estados Unidos, que lucharon por su independencia, Canadá evolucionó de forma pacífica.Esto es lo que la historia nos dice en cuanto a la colonización territorial, pero ¿qué pasó con la cultura?

Para entender el desarrollo social, cultural e identitario de Canadá debemos colocarnos en el contexto de las colonias. A este respecto sabemos que hubo imperios que apostaron por el mestizaje, otros por la segregación y otros por una convivencia tensa. Podríamos encuadrar a Canadá en ese último caso. Al menos hasta que el país tal y como lo conocemos, quedó establecido. Entonces dio comienzo la homogeneización cultural, uno de los pasos que en tiempos se consideraban casi obligatorios para el establecimiento de los estados nación.Entre 1840 y 1996 el gobierno de Canadá separó a la fuerza a unos 150.000 niños aborígenes para ser trasladados a internados manejados por la iglesia católica para erradicar el empleo de su propio idioma y las costumbres de sus tribus autóctonas con el objetivo de una asimilación forzosa de la sociedad canadiense a la cultura anglo-francófona.

Una asimilación forzosa es el proceso de integración de un grupo minoritario en una comunidad mayor o dominante, dentro de lo que se considera establecido como lo común. Las motivaciones de una asimilación forzosa son la homogeneización de la identidad nacional, Dicha situación ha llevado con frecuencia a dramáticas imposiciones culturales e incluso al extremo del exterminio de la minoría cultural algunas veces al punto de considerar esto como la única alternativa. El exterminio puede ser la negación total de la identidad cultural de la minoría, presentando su cultura como inferior e inconveniente o su eliminación física sea por medio de la expulsión de su territorio o por el genocidio. Una asimilación cultural forzada ocurre por lo tanto cuando una mayoría obliga a una minoría a conformarse a la primera.

En Canadá esta asimilación cultural tuvo como consecuencia escenas terroríficas que hoy nos ponen los pelos de punta. En ese intento de eliminar la cultura indígena por completo, tomaron la decisión de comenzar por la infancia. En 2015 la Comisión para la Verdad y Reconciliación de Canadá publicaba un informe en el que se recogía lo que había sucedido en aquellos internados a los que 150000 niños aborígenes habían sido obligados a acudir después de ser arrancados de sus familias. Abusos físicos, sexuales, maltrato, humillación e incluso asesinato. Las imágenes más terribles que podamos imaginar eran el día a día de miles de niños inocentes, cuya única culpa era haber nacido en un lugar con una cultura. En aquel informe se estimaba que habrían sido 6000 niños los asesinados en estos internados católicos. Aunque la cifra sigue creciendo a la luz de las investigaciones recientes.

Multiculturalidad, interculturalidad o asimilación.

Las consecuencias de aquellos perversos actos perpetrados por la Iglesia Católica con la aprobación del gobierno canadiense, también han sido desastrosas. Los supervivientes de las escuelas señalan esta experiencia traumática como la causante de la cantidad de problemas de pobreza, alcoholismo, violencia doméstica y suicidio que tienen alta incidencia en sus comunidades hoy en día. Además la tensión de esas decisiones han llegado hasta la actualidad, donde por cada nuevo hallazgo de alguna nueva tumba, crece la rabia y la frustración entre aquellos que han sido silenciados durante tanto tiempo. El mes pasado fueron cuatro las iglesias católicas que sufrieron incendios e incontables los homenajes y la protestas de los pueblos víctimas del genocidio cultural.

 

Hoy en día sabemos que la cultura indígena ha sobrevivido pese a los numerosos ataques y que la asimilación forzosa solo ha traído al país un reguero de víctimas, dolor, rabia y enfrentamientos. No obstante, en 1971 Canadá adoptó la política de la multiculturalidad para tratar de gestionar las diversas identidades que existían entre sus fronteras en un intento de avanzar hacia La Paz.

Multiculturalidad o Interculturalidad

La multiculturalidad hace referencia a la existencia de varias culturas que conviven en un mismo espacio geográfico o social, pero sin implicar influencia o intercambio entre ellas, sin contacto con la comunidad local. No aboga por la asimilación de costumbres ajenas a la cultura propia, lo que puede derivar en conflictos entre culturas o segregación dentro de la propia ciudad con la aparición de guetos.

Si la asimilación trae muerte y dolor y la multiculturalidad trae distancia, suspicacias y desconocimiento ¿qué perspectiva nos queda? Resta que observemos la realidad humana sin injerencias de entes que pretendan regularla. En realidad, el ser humano es colaborador por naturaleza. Como ser gregario, hipersocial, sabe que necesita de los demás para sobrevivir. Ese conocimiento, más allá de las normas, leyes o políticas que se lleven a cabo; permanece en todos nosotros. Si tratamos de dejar a las comunidades ser, ser tal y como son, lo natural es que colaboren y terminen por asimilarse. Cerrar las heridas del pasado tiene que pasar por el diálogo libre entre sendos grupos. Una vez llegados hasta aquí, habiendo observado fracaso tras fracaso, dejemos a las comunidades que alcen la voz y expliquen cómo ellas mismas quieren relacionarse.

El futuro no debe ser contemplado desde la idea de grupos segregados que permanecen en constante alerta por lo que el otro diga, piense o pretenda sobre él. El futuro ha de ser una convivencia activa entre las personas diversas. Sabemos que esto es lo que a las personas nos permite progresar, avanzar y establecernos pacíficamente para trabajar codo a codo. Es decir: Interculturalidad.

La interculturalidad aboga por la convivencia de diferentes culturas en un mismo espacio y, además, apuesta por la interacción entre ellas sin la supremacía de ningún grupo cultural. La interculturalidad se basa en valores como el respeto a la diversidad, el crecimiento de cada grupo y la integración. Además, apuesta por el diálogo para la resolución de posibles conflictos que puedan surgir.

Canadá está en el momento indicado para reconciliarse. Es un ejemplo de cómo las ideas supremacistas y que pretenden una hegemonía radical, siempre conllevan escenas perversas que causan mucho dolor y que siembran las tensiones para los conflictos futuros. Dejar que las personas se desarrollen, crezcan, sean y crean en lo que cada uno quiera; es la única manera de establecer los diálogos entre iguales que construirán un mundo pacífico en el futuro.

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