A Coruña

Hemos inaugurado el verano

Todos sabemos que las meigas y los demos andan sueltos la noche más corta del año. Por eso seguimos conjurándolos al calor de 120 toneladas de madera ardiente, preparando o cacho y dándole un par de sorbos a la queimada. San Juan es una tradición con siglos de antigüedad y uno de nuestros días favoritos en A Coruña.
Hemos inaugurado el verano
San Xoán
San Xoán

La celebración de la noche de San Juan es una tradición milenaria, relacionada con las fiestas paganas al respecto del solsticio de verano. Aquellos pueblos antiguos, para los que la meteorología significaba la esencial diferencia entre un año feliz o uno dramático, realizaban rituales para rendir tributo al sol y asegurarse su benevolencia en la futura cosecha. Los ritos estaban profundamente ligados con la fertilidad, de los campos y de las mujeres, pero también con la purificación y el conjuro de los demonios y los malos espíritus. Muchos pueblos entendían que en estas noches cortas, el velo que los separaba del mundo donde los malos espíritus habitan, permanecía más frágil y por lo tanto debían protegerse más que en otras. 

Esta clase de celebraciones se daban entre el día del solsticio (21 de junio) y la noche de San Juan (24 de junio). Nuestra tradición, que no coincide con el día exacto en el que el sol está en su punto más alto, se celebraba unas jornadas más tarde porque era a partir de entonces cuando los días comenzaban a ser más cortos y con sus rituales pretendían darle más fuerza al astro rey.

Con el tiempo y el asentamiento de la religión cristiana, la fiesta ha ido tomando un carácter religioso relacionado con la fecha del nacimiento de San Juan Bautista. Sin embargo y pese a esa influencia, en la tierra de meigas e demos continuamos protegiendo nuestros ritos paganos. La tradición o, mejor dicho, las tradiciones de San Juan han llegado hasta nosotros como algo natural, un conocimiento de lo que se debe de hacer en esta velada porque así es, pero se trata de un saber ancestral que ha pasado de generación en generación gracias al saber popular… Sobre todo el de nuestras abuelas, expertas en eso de espantar espíritus malintencionados.

Pese a ese esfuerzo de nuestras mayores, es posible que te hayas perdido alguna de las obligadas tradiciones de nuestra noche y sería una pena. ¿Has preparado o cacho? ¿Has saltado la hoguera el número de veces suficientes? ¿Qué has comido? ¿Has saltado las olas? ¿Has preparado y bebido la queimada? 

O Cacho es un preparado a base de agua y hierbas medicinales que funciona como purificador y de protector contra meigas y otros seres malignos. Es importante recoger la hierbas durante el día 23 y antes de que se ponga el sol, no sea que se vean contaminados por elementos oscuros que llegan con el crepúsculo. Las hierbas son 7 y pueden variar según el lugar, pero las más comunes son: Hierba de San Juan, Fiuncho, Hierba Luisa, Xesta, Fento Macho, Malva y Romero

Aquí no terminan las estrictas normas del Cacho. Es importante ponerlas en agua antes de la noche y dejarlas al aire libre para que el orballo las bendiga. Si les pones cerca un toxo o una silva para espantar al demonio, más seguridad. En el agua también hay debate: ¿Vale cualquier agua? Pues hay quienes dicen que no, que el agua debe de ser recogida de 7 fuentes distintas… O de 9, según quien te lo diga. 

El día 24 de Junio, nada más despertarse, hay que ir a por el cacho y lavarse la cara con él. Eso sí, al aire libre y mirando al sol si uno quiere completar correctamente el ritual. Después ya puedes estar seguro de que os demos se han ido y de que tendrás un empuje para la buena suerte ese año.

Volvamos a la noche del 23… ¿Qué se cena? Evidentemente sardiñas asadas, pero acompañadas con pan de broa o cacharelos. Aunque hay que tener en cuenta que el precio de este pescado está por las nubes. Así que si no se puede tener sardinas… Churrasco también es una buena opción.

Si ya hemos comido, ha pasado la hora mágica de las 00.00 y hemos visto los fuegos artificiales iluminando el cielo de colores… Es hora de preparar la queimada, aunque no es apta para los más flojos en cuanto a eso de las bebidas fuertes. Se prepara con aguardiente, azúcar, cáscaras de limón, granos de café y fuego… El fuego que no falte. Hay que prepararla en un recipiente de barro y debes dejar danzar las llamas azuladas hasta que hayan consumido una parte del alcohol. Entonces se recita el esconxuro y de un fuerte soplido se apaga el fuego. Se bebe caliente y con moderación que es tramposa.

Cuando las hogueras de San Juan empiezan a estar consumidas y quedan poco más que brasas, es la ocasión de saltarlas, pero ¿cuántas veces? En algunas partes de España se dicen que 3, pero en Galicia el debate está entre 7 y 9. Algunos pueblos celtas saltaban también las hogueras en sus celebraciones del solsticio. Lo hacían por parejas y se decía que sus cosechas crecerían tan altas como lo fuera su salto.

Las hogueras no es lo único que se debe saltar en San Juan. Hay una tradición, en algunos sitios más olvidada, que trata de saltar entre 7 y 9 veces las olas. No obstante, en Riazor y Orzán los baños están prohibidos por motivos de seguridad. Es mejor no cumplir el salto de las olas cuando no se está en condiciones de enfrentarse a nuestro mar. 

El San Juan de A Coruña es, desde 2003, una fiesta de interés turístico internacional, pero lo que ha sido siempre es una de nuestras noches favoritas del año. Una de esas para las que la gente comienza los preparativos con ilusión una semana antes por lo menos. No en vano madrugan los herculinos para hacerse con una de las ansiadas parcelas de Riazor y del Orzán. No en vano los barrios de la ciudad se visten de gala y encuentras una hoguera y una fiesta en cada esquina de la urbe, en las plazas más recónditas o incluso en los aparcamientos. 

San Juan es muy nuestro, muy coruñés, pero no olvidemos cada año la responsabilidad que implica una celebración de estás características. Sobre todo con respecto al medioambiente. Los desperdicios que se abandonan en las playas siguen siendo un problema del que tenemos que hacernos cargo. No hace falta destruír nuestros paisajes para ahuyentar a las meigas, eso seguro.

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