Saúde
Más allá del gimnasio y las dietas milagro: cómo construir hábitos saludables que duren todo el año
A estas alturas del año, habrá quien ya haya abandonado alguno de sus propósitos de Año Nuevo para llevar una vida más saludable, muchas veces debido a ese furor inicial de querer hacer demasiados cambios a la vez en nuestra rutina.
Desde aquí vamos a intentar echaros una mano, recordando algunos consejos sencillos para aumentar las posibilidades de éxito.
Lo primero y más importante: sé realista
Esto es una carrera de fondo, no un sprint. Planifica los cambios que vas a hacer e introdúcelos poco a poco. Es fundamental que estés a gusto con el proceso y que no lo vivas como un gran sacrificio. Lo ideal es conseguir disfrutar del cambio. Nunca introduzcas un objetivo nuevo sin haber asentado el anterior.
Ejercicio
Si eres una persona a la que no le gusta el ejercicio, empieza por pequeñas cosas en tu día a día. Por ejemplo, cambiar algún desplazamiento en coche o autobús por caminar, o subir las escaleras en lugar de coger el ascensor. Si la distancia es muy larga, puedes bajarte del autobús una parada antes; y si son muchos pisos, coger el ascensor sólo hasta el primer o segundo piso. Lo importante es moverte más dentro de tu rutina diaria.
Si quieres empezar una actividad física como tal, comienza con un solo día a la semana. Elegir bien la actividad es clave. Si tienes algún problema de salud o dolor, la mejor opción es hacerlo en grupos reducidos y con un profesional que te supervise. Si, por el contrario, estás sano, busca una actividad que te guste: así será mucho más fácil mantenerla en el tiempo. Y recuerda: tienes que disfrutar del proceso.
Alimentación
Al igual que con el ejercicio, es importante ser consciente de dónde partimos. Un buen comienzo puede ser reducir de forma progresiva los alimentos azucarados y ultraprocesados, para que el paladar se vaya adaptando. Por ejemplo, disminuir poco a poco el azúcar del café o reducir el consumo diario de bebidas azucaradas hasta dejarlas para ocasiones puntuales (aquí también incluimos las bebidas alcohólicas).
De la misma manera, conviene reducir el consumo de ultraprocesados como comidas preparadas o picoteos habituales (patatas fritas, embutidos, etc.).
Cuando nos pongamos en modo “cocinillas”, prioriza elaboraciones al horno, a la plancha o al vapor, y evita los fritos. Puestos a usar aceite, mejor en crudo. Y no olvides que las especias son grandes aliadas para dar sabor a los platos y evitar el abuso de sal.
Por último, hidrátate bien e introduce fruta en esos momentos entre comidas en los que solemos recurrir al picoteo de bolsa.
Si te resulta muy difícil introducir cambios en la alimentación o comes por impulso, especialmente alimentos muy palatables (de esos que están tan ricos que, si abres la bolsa, es para terminarla), quizá sea buen momento para valorar tu relación con la comida con un profesional, como un psicólogo. En muchas ocasiones, el estrés u otros problemas hacen que la comida se convierta en una vía de escape.
Y recuerda: estos son consejos generales. Acudir a un profesional del ejercicio o a un nutricionista puede ayudarte a tener una guía más personalizada y a conseguir tus objetivos de forma más segura y sostenible.