Auto-Odontología: cuando lo viral termina en la consulta dental (1ª parte)

Las redes ofrecen soluciones rápidas de autotratamiento u odontología casera, para “arreglarse” la boca en casa. Muchas parecen ingeniosas pero todas esconden un daño inmediato o diferido que aparece cuando ya es tarde. 

Desgraciadamente la salud oral no entiende de atajos. Si un profesional en la materia, aún en ocasiones con sus dudas, ha tenido que formarse como mínimo con una carrera universitaria y una licenciatura de 5 años, y aún así debe mantenerse actualizado y reciclarse frecuentemente (materiales, técnicas…) es fácil entender que intentar tratarse a uno mismo sin ser profesional (y aún siéndolo…) los problemas de salud oral es un despropósito totalmente descabellado y arriesgado.

Las redes han aportado a nuestra sociedad actual muchas cosas buenas pero también muchas otras que no lo son tanto. En esta línea, la denominada “autoodontología” se ha convertido en un fenómeno preocupante. Entre vídeos que prometen sonrisas perfectas, productos que imitan a los materiales clínicos profesionales y los consejos que divulgan pseudoexpertos que no lo son, cada vez más internautas y demás personas experimentan con su propia boca. El resultado suele aparecer a los pocos minutos o tras algunos días o semanas: encías irritadas, lesiones de lengua, encía, mucosa bucal, esmalte dañado, dientes desplazados, molestias y dolores que antes no existían, etc. 

Las férulas de alineación prescritas por internet son el ejemplo más visible. Se venden como tratamientos ortodóncicos “profesionales”, pero se fabrican sin radiografías, ni análisis oclusal, mediciones cefalométricas, etc., sin el diagnóstico previo imprescindible. Sin esos datos, cualquier movimiento dental es un tiro a ciegas. Muchos usuarios experimentan desplazamientos indeseados, retracciones de encía, inflamaciones crónicas, movilidad e incluso pérdida de hueso. La ortodoncia no es un molde y ya está. Requiere entre otras muchas cosas (formación adecuada, diagnóstico y estudio previo completo, correcta fabricación, etc.) conocimientos científicos acerca del control de fuerzas, anclajes, dirección y modos de desplazamientos de los dientes, etc., parámetros  que desde luego  no se ven a “simple vista”. 

También abundan los blanqueamientos dentales, con moldes hechos y adaptados en casa con agua hirviendo, por ejemplo, geles blanqueantes que o no tienen la concentración mínima adecuada o la superan, lo cual en manos de un profesional se aplica controladamente y con los medios de protección adecuados para la encía y otras partes de la boca, control de tiempo, dosificación, frecuencia, activación por luz o láser, etc. Aplicados en casa, sin control ni conocimientos o experiencia, estos productos provocan quemaduras químicas, sensibilidad dental y desmineralización del esmalte. 

El carbón activo en polvo, recomendado por algunos influencers para cepillarse y blanquear los dientes es un material cuya estructura es altamente abrasiva que desgasta el esmalte capa a capa. El efecto inmediato es limpieza (aunque no más que una pasta dentífrica) pero el tardío, erosión, sensibilidad y dientes cada vez más amarillos porque la dentina (la capa de diente que hay debajo de la del esmalte) queda expuesta, aumentando así la sensibilidad dental, puesto que los nervios de los dientes estarán más desprotegidos, pudiendo además dañar también las encías.