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El alcohólico camarero

Redacción | 06 de agosto de 2020

Alfonso
Alfonso

Mi nombre es Alfonso y soy alcohólico. Comencé a beber a los 16 años.

En mi infancia era un niño poco sociable, de pocos amigos, siempre separado del resto de los niños hasta que llegó el deporte a mi vida. El fútbol me permitía hacer amigos con facilidad dado que todos los niños me elegían en el patio para jugar en su equipo. Pasando los años y después de pasar por un par de equipos, llegué a jugar en el equipo de mi ciudad, mi ilusión pues, era llegar a ser profesional. Pero luego llegó el alcohol a mi vida en un fin de semana con los amigos del barrio. Pronto me di cuenta del efecto que el alcohol causó en mí, pues me convertí en la persona que siempre quería ser: atrevido, hablador, me veía hasta más guapo. El alcohol se convirtió en mi amigo de todos los fines de semana, por lo que la ilusión de ser futbolista fue quedando en segundo lugar hasta desvanecerse del todo.

Ya con 17 años el consumo fue aumentando y comienzo a trabajar para mantenerlo, y con eso empecé a consumir a diario.

Comencé a trabajar en el mundo de la noche, en discotecas y pubs, ahí fue donde mi amigo el alcohol encontró un aliado: la cocaína. Esta nueva amiga me permitía beber mucho más y alargar más el tiempo de consumo de alcohol, con lo cual las noches empezaron a juntarse con los días. Los primeros años los recuerdo como si se tratase de un juego, pero al llegar de la edad de 25 años y trabajando en una discoteca de moda en la cual era yo el encargado, hubo cambios en mí y me convertí en otra persona. El alcohol ya no me divertía, ya no era ese camarero simpático y alegre, sino todo lo contrario.

Después de haberme despedido de la discoteca por faltar repetidas veces al trabajo y por mis desplantes a los clientes, empezó un periplo sin fin de trabajos y relaciones sentimentales fallidas, todas por mi forma de beber. Comienzan las depresiones, las visitas a psiquiatras, medicaciones, etc., pero nada de eso funcionaba, pues siempre acababa bebiendo de nuevo. Conocí a una mujer que es la madre de mi hijo con la que también bebía bastante y decidimos tener un niño para así tener un motivo para parar el consumo, pero tampoco funcionó y acabé perdiendo a los dos.

A medida que pasaba el tiempo, mi frustración iba en aumento y mi consumo también. Todo lo que tocaba lo estropeaba y eso me hundía cada vez más. Luego hubo una relación con una persona mucho más joven que yo y otro hijo en mi vida de los cuales por supuesto perdí por mi forma de beber. Terminé por beber solo en casa, no quería relacionarme con nadie, éramos mi botella y yo, hasta entrar en laguna mental. Hubo una borrachera de una semana y acabé con un intento de suicidio entre medias. Me levanté un lunes temblando y casi sin fuerzas para caminar, llorando y destrozado por ver en lo que me había convertido. Algo en mí salió y decidí pedir ayuda porque si no lo hacía, iba a perderlo todo, hasta la vida.

El 12 de julio 2018 volví a nacer, pues ha sido el paso más importante que dado en mi vida, porque desde que crucé la puerta del Grupo 24 Horas de AA Coruña, no he vuelto a beber, he recuperado mi vida, mis hijos, mi familia, y sobre todo me han enseñado a quererme lo suficiente para que no necesite el alcohol en mi vida.

El alcoholismo es un problema de salud, no de vergüenza. Puede tocar a cualquiera: joven, mayor, mujer, hombre, pobre, rico...

Si crees que tienes problemas con la bebida o conoces a alguien que crees que puede tenerlos, llámanos al 981 13 47 91, o ven a informarte sin obligación alguna a:

Calle Ramón Menéndez Pidal 3 bajo, 15007 - A Coruña.

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