El dedo en la llaga de los propósitos de Año Nuevo: cumplir o mentirnos

Con la llegada del 2026, el autor, desde la perspectiva de un “bisabuelete”, nos invita a una reflexión incómoda pero necesaria: hacer propósitos sin la voluntad real de cumplirlos es un acto de inmadurez y autoengaño. 

En lugar de lamentar los fallos del pasado, la propuesta es analizar el error y enfocarnos en esa única mejora real que hará este año más fecundo y alegre.

Año nuevo es casi sinónimo de propósito.

El que más o el que menos, hacemos firme intención de proponernos mejoras, que no hemos conseguido en el año que se nos fue. 

Verdad como un templo de grande, así somos la mayoría ¿no es cierto?

Yo pretendo, pobre de mí, utilizar, este nuestro querido periódico, para intentar convenceros de que la esencia misma del propósito es cumplirlo. 

De no hacerlo nos estamos mintiendo a nosotros mismos y eso suena a inmadurez, a falta de voluntad.

Me estoy figurando la cara de alguno o alguna al terminar de leer lo anterior. No podéis negarlo es la pura realidad y la pregunta que os estáis haciendo es ¿yo inmaduro? ¿yo inmadura? Pues sí, queridos, este bisabuelete está poniendo el dedo en la llaga.

Alguno de vosotros pensará: “Vale, nada de propósitos”. 

Y la verdad, es que me habría salido el tiro por la culata (como decía mi padre). La conclusión tiene que ser: pensemos bien lo que este año, que ya pasó, salió mal. Y no lo lamentemos, no nos enfademos, simplemente veamos por qué no lo hicimos bien, cuál fue el error. Y con la vista en este 2026 que ya está con nosotros, propongamos la mejora que más falta nos hace, esa que hará que este año sea mejor, más fecundo, más alegre... que es lo que os deseo de todo corazón.

Un abrazo y feliz año para todos.