Con la llegada del 2026, el autor, desde la perspectiva de un “bisabuelete”, nos invita a una reflexión incómoda pero necesaria: hacer propósitos sin la voluntad real de cumplirlos es un acto de inmadurez y autoengaño.
En lugar de lamentar los fallos del pasado, la propuesta es analizar el error y enfocarnos en esa única mejora real que hará este año más fecundo y alegre.
Tras un tiempo de ausencia y superando momentos difíciles, retomo la conversación con una profunda preocupación por el futuro de nuestro querido barrio de Los Mallos.
Un saludo a todos desde mis 86 abriles. En el número pasado hablábamos de la asociación de vecinos, que está ya en funciones, hoy toca hablar de fiestas en el barrio, que serán a fin de mes
y enormes fiestas.
Mis queridos convecinos, este ha sido el año terrible de mis 85 añitos, y como son muchos los años en que nos encontramos en estas páginas tan entrañables para mí, necesito, en estos terribles momentos, recordar las distintas etapas en las que algunos coincidimos en distintos proyectos, en los últimos 60 años.
Soy un bisabuelete que gran parte de su vida estuvo relacionada con la enseñanza, o sea con la juventud y la niñez, en colegios, en centros sociales, o en asociaciones de jóvenes.
Me diréis que no necesita presentación, todos la conocemos, unos como fieles “contagiados”, y otros como sufridores. Y digo “contagiados” pues pienso, sinceramente, que es toda una enfermedad, y tal vez una pandemia, que destruye la felicidad y la paz de espíritu.
Recuerdo, cuando a principios de los 60 llegué a mi querido barrio de Los Mallos, abundaban las pequeñas casitas con algo de plantación, animales pastando, y sobre todo, lo que más me llamó la atención, fueron los niños correteando felices.
Os llamará la atención el titulito que le he puesto a este escrito, pero es que estoy viendo, cada vez, con más claridad, que nuestros políticos y sus periodistas, están pensando que somos como los toros .
Y han pasado 60 años, desde que un veinteañero, antiguo seminarista del Seminario Español de Misiones Extranjeras “IEME” de Burgos., venía al barrio de los Mallos, a ayudar al Sr. Vales, en sus pasantías de la calle S. Luis.
Como en toda la ciudad, en nuestro querido barrio de Los Mallos estamos entrando en una escalada de malestar general del vecindario por los múltiples problemas que sufrimos.
Dicho esto, los que como yo, llevamos trabajando en el barrio unos sesenta años (que ya, creo, quedamos pocos en activo), recordamos muy bien la historia reciente de nuestro queridísimo MALLOS
Sé que algunas de las cosas que tengo en mente escribir serian causa “justa” para que un juez me reprendiera, y muchos de vosotros me llamaréis embaucador. Es mi pensamiento, solo eso.
Me preocupa muchísimo que se esté difundiendo la sensación de que nuestro barrio es inseguro. De mis 82 años (los cumplo en Junio) he pasado 60 en Los Mallos, me crié en Riazor, por lo que tengo distintas referencias y he vivido la trasformación de Mallos-Vioño.