¿La personalidad cambia o se mantiene estable a lo largo de la vida?
Lo cierto es que la frase del escritor Ray Loriga que dice ”La personalidad no cambia, empeora”, parece sonar graciosa pero tampoco va tan desencaminada.
Aunque todos creamos que se puede cambiar, la evidencia empírica pone de manifiesto que la personalidad se mantiene estable a lo largo de todo el ciclo vital. Esto ayuda a predecir las conductas del ser humano y explicaría que, cuando te encuentras con un amigo de la infancia al que no ves desde hace 20 años, tengas la misma conexión con él, como si no hubiera pasado el tiempo.
Sería desconcertante casarte con un hombre simpático y un buen día levantarte al lado de un hombre soso. Igual que, si te casas con un hombre mujeriego, no es común que deje de serlo. Sería estupendo darle a un botón y dejar de ser esa persona impulsiva que tantos problemas provoca.
En realidad, no cambiamos tanto como pensamos. La personalidad es el conjunto de características y rasgos de una persona, la forma de pensar, de sentir, de percibir y de actuar. Es nuestra auténtica identidad.
Gran parte de la personalidad se configura en la infancia y en la adolescencia, cuando el cerebro está aprendiendo patrones que se vuelven automáticos. La base biológica, la herencia, las estructuras cerebrales, los patrones de aprendizaje temprano, las experiencias en la infancia, la consistencia del contexto y demás variables conforman la estructura de nuestra personalidad.
El 50% de la personalidad tiene una influencia genética y el otro 50% una influencia ambiental. La cultura o los aspectos sociohistóricos determinan también nuestra personalidad.
Por suerte, comprobamos como desde los 20 años a los 50 hemos madurado. Surgen, obviamente, cambios madurativos de escasa magnitud debido al ajuste adaptativo.
Podemos modificar patrones concretos, comportamientos puntuales, hábitos e incluso, con herramientas de gestión emocional, modificar respuestas. Por ejemplo, podemos aprender a ser un poco más ordenados para complacer a nuestra pareja. Así mismo, una persona introvertida podrá aprender estrategias de socialización para ser menos tímido, aunque siga siendo algo reservado.
Nada es imposible pero el grueso de la personalidad, lo más profundo de nuestra esencia, no cambia. Se pueden hacer cambios pero con mucho esfuerzo consciente, reflexión, práctica y terapia. Pero no olvidemos que este proceso es lento. Un árbol podrá crecer, inclinarse hacia un lado, tener más ramas… pero jamás se convertirá en otro árbol.