Hay una señora pequeñita, muy mayor y muy alegre, que siempre me saluda con mucha energía cuando me la cruzo por mi barrio. Se llama Cuca y es encantadora.
Año tras año, me sigue pareciendo significativa la tendencia social que se produce cuando se aproxima el 14 de febrero, que consiste en un rechazo colectivo hacia el amor. Los comentarios en torno a esta celebración resultan curiosamente despectivos. Como si hubiera un odio contra el amor.
China exigirá títulos oficiales a los influencers que hablen sobre salud en sus canales. Me ha parecido una excelente estrategia de control contra el intrusismo.
Existe una disonancia entre discurso y práctica. Se habla mucho de salud mental pero poco de hábitos que la deterioran. De lo que no se habla nada es de responsabilidad comunitaria.
Cuando se rompe una relación, puede deberse a infinidad de motivos, pero vamos a simplificar las rupturas en cuatro categorías. Cuando una de las dos partes ha dejado de amar a la otra; cuando aparece una tercera persona; cuando la relación ya no funciona, bien por falta de entendimiento o por falta de amor por ambas partes; y, por último, por motivos como el maltrato, las adicciones, la enfermedad mental u otras razones que deterioran gravemente la relación.
Yo creo que todos, en algún momento, hemos esperado e incluso reprochado que alguien cambie. O incluso nosotros mismos hemos deseado en algún momento ser de otra manera.
Hoy voy a hablar de estilos de crianza. Es importante porque el modo de educar a nuestros hijos tiene un gran impacto en el desarrollo emocional, social y académico.
La culpa no es una emoción innata ni universal. Se origina a partir de las normas morales y sociales. Está condicionada por el aprendizaje cultural y su contexto social.