Los propósitos de Año Nuevo

Este texto trata de los propósitos de Año Nuevo. De esas buenas intenciones que tenemos todos de empezar un año siendo esas personas que queremos ser.

Escucho todos los años frases como “El 1 de enero dejo de fumar, empiezo en el gimnasio o me tomo en serio la dieta”. Otros ya me han dicho “Yo ya no tengo propósitos de Año Nuevo porque nunca los cumplo”. Exactamente, eso es lo que pasa, que para febrero ya hemos abandonado casi todas nuestras buenas acciones.

Es un buen comienzo cuando declaramos públicamente nuestra intención a modo de compromiso pero, al final, nos damos cuenta que el año nuevo es igual que el anterior. Una prolongación de la vida que ya teníamos. Nosotros seguimos sintiendo, pensando y haciendo lo mismo que quince días atrás. Nada ha cambiado. La magia de la Navidad y los buenos deseos se han esfumado. Nuestras vidas siguen siendo las mismas, como antes. Tenemos la misma pereza, la misma adicción, la misma ansiedad por comer dulce, las mismas prácticas y los mismos hábitos. Todo sigue igual.

¿Cuál es la clave para no abandonar los propósitos que uno establece? No tengo otra respuesta que  “la disciplina”. La fuerza de voluntad es un valor que se entrena con esfuerzo pero es el único modo de alcanzar lo que uno desea.

Desde mi punto de vista, poner una fecha de inicio es posponer la responsabilidad. “Empiezo el lunes, comienzo el uno de enero, mañana...” es procrastinar.

Lo que tú quieras hacer, ¡Hazlo ya! Ahora...pero ¡Ahora mismo! ¿Quieres dejar de fumar? No fumes el siguiente ¿Quieres comer mejor? Hoy en el restaurante no pidas postre ¿Quieres hacer algo de ejercicio? No bajes en el ascensor y hoy baja dos paradas antes para caminar, al menos, diez minutos. Han traído bombones a la oficina, pues hoy me pongo a prueba y no caigo en la tentación. Pero tiene que ser así, aquí y ahora. Hoy, ahora mismo.

Lo que uno quiere lo tiene que llevar a cabo en tiempo presente. Hacerlo  con pequeños logros. Ser radical y ambicioso no conduce más que al abandono. Si establezco una meta y comienzo con las submetas, llegar al objetivo es más viable.

Si deseo salud, ¿Qué puedo hacer por tener mejor salud?, ¿Qué puedo cambiar en mi alimentación?, ¿Qué pequeñas rutinas puedo incorporar a mi vida para moverme más?, ¿Qué actitudes puedo cambiar para no estresarme tanto?, ¿Con qué personas ya no quiero discutir y que puedo hacer yo para que estas relaciones mejoren?, ¿Qué pasos puedo dar para lograr mi propósito de vida?

Los objetivos, llámalos sueños, ilusiones o deseos son las metas que le dan sentido a nuestra vida. Y, por supuesto, deben ser realistas para que estén bajo nuestro control.

Visualizar nuestros objetivos no es un gesto ingenuo sino una forma de activar nuestros circuitos motivacionales que orientan nuestra conducta. Al imaginar el resultado, el cerebro organiza recursos y aumenta la probabilidad de que el propósito se convierta en acción.

La motivación es la razón que nos impulsa a alcanzar nuestras metas.

Es importante que sepamos que la motivación no es una emoción constante, se cultiva con estrategias y autorregulación. La perseverancia se consigue con hábito diario. Cada paso es un avance y ayuda más la constancia que el ansia por la perfección.