Cuatro Caminos
Juan Iglesias, Presidente de la Asociación Vecinal A Barcarola: “A Barcarola mantiene encendida la vida vecinal en Cuatro Caminos”
En pleno Cuatro Caminos, en el bajo del número 38 de la calle Fernández Latorre, hay un lugar donde el tiempo parece detenerse.
Entre mesas plegables, carteles coloridos y la música que suena al fondo, la vida del barrio sigue viva gracias a A Barcarola Asociación Veciñal Cuatro Caminos.
Su presidente, Juan Iglesias, lleva años al frente del colectivo. “Llevo tanto que parece una dictadura”, dice entre risas. “Pero no hay relevo. Ofrezco el puesto a todo el mundo, pero cuando se enteran de que no se cobra y que hay que dedicar tiempo, nadie se apunta”.
Aun así, ni él ni su equipo pierden las ganas. Tras los duros años del COVID, la asociación ha vuelto a llenarse de vecinos, talleres y alegría. “Hemos pasado momentos complicados, pero volvemos a resurgir”, cuenta con una sonrisa.
Una historia nacida de la unión
A Barcarola nació hace décadas, cuando un grupo de vecinos se organizó para protestar por una concesión municipal que consideraban injusta. “Fue en tiempos de Paco Vázquez, por la cafetería del Remanso”, recuerda Juan. “Ahí empezó todo”.
Primero consiguieron un pequeño local en la escalinata de San Pedro de Mezonzo. Más tarde, cuando se inauguró el Centro Cívico de Cuatro Caminos, el Ayuntamiento les ofreció un espacio para desarrollar actividades.
Desde entonces, A Barcarola tiene su sede dentro de las instalaciones del Centro Cívico: un punto de encuentro donde las personas se conocen, comparten y construyen barrio.
Del COVID al renacer
El golpe de la pandemia fue duro. “Llegamos a tener casi 600 socios. Después del COVID quedamos veinte. Pensamos que todo se iba al garete”, confiesa Juan.
Pero poco a poco, el local volvió a llenarse de vida. “Fuimos recuperando gente: 40, 50, 100… Ahora ya somos casi 300 socios. Y creciendo.”
Hoy, el local de Fernández Latorre 38 bulle por las tardes. “El centro cívico está abierto hasta las 18 horas, y cuando cierra, entramos nosotros con nuestras actividades”, explica.
Un barrio que baila, pinta y conversa
A Barcarola organiza once actividades semanales, pensadas para todas las edades. Cada semana participan en ellas unas 120 personas, que llenan de vida las aulas del centro.
Actividades:
- Baile de salón,
- Sevillanas baile andaluz,
- Pintura,
- Acuarela y Dibujo,
- Inglés,
- Manualidades,
- Yoga,
- Teatro,
- Baile infantil,
- Pintura infantil
- Taller de arte,
- Montaje audiovisual y
- Creación de cortometrajes.
Además, el Ayuntamiento desarrolla otras cuatro actividades complementarias, coordinadas con la asociación para no solaparse.
“Intentamos que la gente salga de casa, que se mueva, que hable, que se ría. Que no se quede sola viendo la tele”, dice Juan. Incluso hay un médico del barrio que recomienda a sus pacientes asistir a A Barcarola como parte de su terapia. “Nos hace mucha gracia: la gente viene diciendo ‘me mandó el médico’”, cuenta entre risas.
Las pequeñas grandes conquistas
Detrás del tono amable de Juan hay un luchador. A Barcarola ha estado presente en las principales mejoras de Cuatro Caminos: desde la creación del colegio San Francisco Javier hasta la peatonalización de la calle Alcalde Marchesi.
“Peleamos mucho, pero siempre por cosas que mejoran la vida de todos”, explica. Una de sus propuestas más recordadas fue la transformación de la fuente de Cuatro Caminos en rotonda. “Antes era un caos, con atropellos y atascos. Ahora el tráfico fluye y es más seguro.”
También impulsaron mejoras en el parque de San Pedro de Mezonzo, en A Palloza y en la Fábrica de Tabacos. “Cuando ves esos cambios, sabes que todo el esfuerzo vale la pena.”
Un barrio que necesita relevo
No todo es fácil. Juan lamenta la falta de gente joven que se implique y el intento de algunos políticos por etiquetar a las asociaciones.
“Nosotros no somos de nadie. Aquí no preguntamos a nadie a quién vota. Lo que nos une es el barrio.”
También le preocupa el deterioro del entorno urbano: “Hay muchas pintadas sin sentido, que ensucian. Si fueran murales artísticos, estupendo, pero la mayoría son garabatos. Queremos que el Ayuntamiento las repinte y devuelva belleza a la zona.”
El espíritu de A Barcarola
Además de las reivindicaciones, A Barcarola es un refugio para socializar, aprender y reír. “Aquí venimos a pasarlo bien. Si no te diviertes, no vale la pena”, repite Juan.
Cada año celebran una fiesta vecinal donde los niños muestran sus dibujos y bailes en el teatro del Fórum Metropolitano. “Es precioso ver a los padres, abuelos y tíos llenando la sala. Esos momentos te hacen sentir que todo vale la pena.”
Y así, entre mesas que se pliegan y conversaciones que se alargan, A Barcarola sigue latiendo.
Porque mientras haya vecinos con ganas de mejorar su entorno, Cuatro Caminos seguirá teniendo corazón.
Dónde están:
- A Barcarola Asociación Veciñal Cuatro Caminos
- Calle Fernández Latorre, 38 – A Coruña
- Horarios: Principalmente por las tardes, a partir de las 18h.