Comercio de barrio
Autoescuela Soto Lara, una historia de barrio que sigue rodando
Entrar en Autoescuela Soto Lara es entrar en un lugar conocido. De esos en los que no hace falta levantar la voz ni prometer milagros. Aquí se viene a aprender, a preguntar sin miedo y a hacerlo poco a poco. Al frente están Isabel Maceiras y Jaime Ríos, dos personas que conocen este oficio desde dentro y que hoy continúan una historia que empezó hace más de medio siglo en el barrio.
Soto Lara nació a principios de los años 70, cuando el señor Soto, procedente de As Pontes de García Rodríguez, abrió la autoescuela. Con el paso del tiempo, el negocio fue pasando de padres a hijas y, más adelante, a trabajadores que llevaban años formando parte del proyecto. Un relevo natural, casi familiar, que explica por qué muchos vecinos ni siquiera notaron el cambio cuando Isabel y Jaime asumieron la gestión en 2021.
Isabel llegó a Soto Lara en 1999 como administrativa. Con los años, y casi sin darse cuenta, el trabajo fue llevándola a la enseñanza. Desde 2007 es profesora de formación vial y una de las caras más reconocidas del centro. Jaime, por su parte, procede del sector de la automoción. Se formó como profesor, pasó por otras autoescuelas y terminó regresando a Soto Lara, un lugar que ambos definen como “una cantera”.
Hoy trabajan con un equipo de cinco personas entre las sedes de Os Mallos y Meicende. Las jornadas son largas, entre nueve y diez horas presenciales, a las que se suman gestiones, planificación y responsabilidades que no se apagan al cerrar la puerta. “Cuando eres propietario no desconectas igual”, explican. Aun así, lo tienen claro: merece la pena.
Lo que más valoran es el trato con la gente. Cada alumno es distinto y cada proceso también. Hay quien aprende rápido y quien necesita más tiempo. Personas jóvenes, adultas, mayores, alumnado de diferentes culturas y nacionalidades. Incluso personas de más de 70 años que deciden sacarse el carné por primera vez. “Aquí no hay un ritmo único. Nos adaptamos a cada persona”, dicen.
Isabel disfruta especialmente de la parte teórica, de explicar, de resolver dudas y de crear un ambiente donde nadie se sienta incómodo por preguntar. Jaime se siente más cómodo en el coche, en la práctica, en ese tú a tú que se da en la calle. Se complementan bien, y eso se nota en el día a día.
También el sector ha cambiado. Los trámites con la DGT son ahora digitales, el perfil del alumnado es más diverso y sacarse el carné ya no es sólo cosa de los 18 años. Muchas personas llegan por necesidad laboral, familiar o personal. “Antes era casi una obligación. Ahora es una decisión más pensada”, explican.
Cuando les preguntamos qué le dirían a alguien que se propone sacarse el carné este año, Isabel lo tiene claro: lo primero son las ganas. “Si vienes con ilusión, todo fluye mejor”. No hay fórmulas mágicas ni promesas imposibles, solo constancia, acompañamiento y tiempo.
Para cerrar, ambos miran al barrio con agradecimiento. “Si Autoescuela Soto Lara lleva más de 50 años abierta es gracias a la gente de aquí”. Desde Germán Taibo, 13, siguen haciendo lo mismo de siempre: enseñar a conducir, sí, pero también cuidar a las personas que se sientan al volante por primera vez.