Comercio de barrio

Comprar en el barrio también es un propósito

Alba Balsa lleva casi 21 años detrás de un mostrador en Os Mallos. Dice que ya se considera una veterana, y no le falta razón. Con formación en artes y llegada al comercio casi por casualidad, terminó encontrando en el autoempleo no sólo una forma de trabajar, sino una manera de estar en el barrio.

Comprar en el barrio también es un propósito
Alba Balsa, de Luces de Bohemia, presidenta de Distrito Mallos
Alba Balsa, de Luces de Bohemia, presidenta de Distrito Mallos

Su tienda, Luces de Bohemia, es de esas en las que se entra buscando un regalo y se sale con algo más. Ropa, complementos y objetos con identidad propia, diseñados en su mayoría por creadores y marcas españolas vinculadas al mundo de la ilustración. “La idea es ofrecer cosas diferentes, con mensaje y buena relación calidad-precio”, explica. Y, sobre todo, que la gente compre en el pequeño comercio, en el suyo o en el de cualquier vecina.

Desde 2022, Alba es también presidenta de Distrito Mallos, la asociación de comerciantes del barrio. Asumió el cargo junto a un grupo de compañeras y compañeros cuando tocaba relevo y nadie daba el paso. “Decidimos hacerlo en bloque para que la asociación no desapareciera. En momentos complicados, conservar el tejido comercial es más importante que nunca”.

Distrito Mallos es además “centro comercial aberto”, una figura que sólo comparten en la ciudad con Obelisco. Eso implica ventajas, pero también mucho trabajo. “Hay burocracia, empleados, proyectos, memorias… No se improvisa nada. Estamos planificando ya el año que viene”. Para Alba, gestionar una asociación así es casi como llevar una empresa, con la dificultad añadida de coordinar muchas voces distintas.

En esta edición de EntreNós, dedicada a los propósitos, Alba lo tiene claro: comprar en el barrio debería ser uno de ellos. “Estamos en un momento de cambios brutales en los hábitos de consumo. Si no trabajamos cómo nos relacionamos con nuestro entorno, con nuestra clientela y entre los propios comercios, lo tenemos difícil”.

El balance del último año en Os Mallos es, pese a todo, positivo. Se han consolidado actividades, se percibe más movimiento y el barrio mantiene una vitalidad que no se ve en otras zonas de la ciudad. “Aquí se respira comercio. Hay calles más renovadas, más vida. Queda muchísimo por hacer, pero también se han hecho cosas bien”.

La llegada de la Intermodal traerá cambios. Ya los está trayendo. “Habrá impacto, seguro. No sabemos todavía de qué tipo, pero el tránsito siempre es importante para el comercio”. Alba observa también un pequeño brote de nuevas aperturas en bajos que llevaban tiempo cerrados y prefiere mantenerse prudente, pero optimista.

Para ella, el gran reto del pequeño comercio no son tanto los centros comerciales como las grandes plataformas digitales. “Sobre todo las de bajo coste, que compiten en condiciones muy desiguales”. Y aquí introduce otro propósito necesario: consumir con más conciencia. “Comprar en pequeño comercio genera mucha menos huella ambiental. No hay envíos constantes, ni devoluciones masivas. Pedir diez prendas para quedarse con una es una locura”.

El propósito principal de Distrito Mallos es claro: evitar cierres y mantener vivo el comercio de proximidad. “Queremos que el comercio de barrio se vea como algo a conservar, como un síntoma de salud”. Salud económica, pero también social. “Cada comercio es una pequeña microsociedad. Aquí se crean relaciones, se combate la soledad y se mantiene el contacto humano”.

A vecinas y vecinos les pide algo sencillo, pero poderoso: una escala de valores en la compra. “Si puedes comprar en tu barrio, haz el esfuerzo. Y si no, en otro pequeño comercio de la ciudad”. Reservar las grandes plataformas para lo imprescindible y apostar por negocios que generan empleo y vida alrededor.

Para Alba, ese es el verdadero propósito que merece la pena mantener todo el año. “Prefiero sacrificar otras cosas por este ritmo de barrio. La riqueza humana que te da no se compra en ningún sitio. Y, mentalmente, sienta muy bien”.

Comprar en el barrio también es un propósito