Comercio de barrio

Fruta, verdura... cercanía y conversación: el día a día de María en Os Mallos

Una historia de barrio, de esfuerzo y cariño con sabor a producto del país
Fruta, verdura... cercanía y conversación: el día a día de María en Os Mallos
María de A Campiña
María de A Campiña

Si paseas por Os Mallos por las mañanas y te acercas a una frutería con el género bien colocado, el trato cercano y una sonrisa tras el mostrador, seguramente estés en A Campiña, la tienda de María, una de esas vecinas que no sólo conoce cada pieza de fruta… sino también el nombre, las manías y hasta los gustos de quien las compra. Lleva más de 20 años en el barrio, y hoy nos cuenta su historia. Una historia con mucho trabajo y toneladas de humanidad.

De los hilos a las lechugas

“Yo no tenía ni idea de frutas y verduras”, dice entre risas. “Toda la vida cosiendo. Empecé a los 14 en un taller de novias. Entre telas y patrones andaba… hasta que la vida dio un giro”. Fue gracias a su marido y a una aventura agrícola que cambió su rumbo: los invernaderos ecológicos en Bergondo. Era otro tiempo, cuando lo “eco” sonaba raro y casi nadie sabía bien lo que significaba. Pero ella se metió de lleno. “Se trataba de ofrecer verdura y fruta del país, sana, sin químicos. El proyecto de los invernaderos lo comenzó mi marido y sus socios, empezaron vendiendo en la Plaza de San Agustín”. Un tiempo después María abre su tienda en la Ronda de Outeiro.

Comienza el proyecto de A Campiña

Poco después surgió la posibilidad de abrir su propia tienda. “Me lo propusieron y al principio dije: "¡buf! No sé yo..." Pero me animé. Dejé todo y me lancé. Aprendí sobre la marcha, sin tener ni idea”.

Primero estuvieron en Ronda de Outeiro, junto a su socio. Poco después se trasladaron al local actual. Al poco tiempo, su socio abandonó el proyecto y María quedó al frente del negocio. Desde entonces, no ha parado. Lleva desde 2006 en el mismo bajo, con la misma energía y, como ella dice, “rodeada de una clientela maravillosa”.

El valor de la cercanía

“Yo no vendo fruta. Yo hablo con la gente, los escucho, les pregunto por sus hijos, por su salud. Y si un día no vienen, ya me preocupo”. Porque en su tienda no se pesa sólo el producto: también se comparten recetas, consejos y hasta alguna lágrima y muchas risas. “Esto es terapia, para ellos y para mí”.

Hay clientas que la conocen desde el primer día, y aún hoy siguen pasando. Le traen táperes si saben que tiene un mal día, le hacen recados, le devuelven el cariño que ella reparte a diario. “Una vez una señora me dijo: ‘Nena, non vas a ser boa vendedora, sempre pos o xusto do que che piden, e hai que poñer un pouco de máis’”. Se ríe al recordarlo. “Aún estoy aprendiendo”.

Producto del país, trato de casa

Aunque ya no trabaja con los antiguos invernaderos, María ofreciendo  productos de calidad en frutas y verduras. Tiene también algo de ecológico envasado, además de conservas, aceites, especias, lácteos y hasta empanadas los viernes y sábados. “Es un mini supermercado con productos seleccionados”.

La confianza, ese ingrediente secreto

En su tienda pasan cosas. Se cuecen amistades, se cruzan generaciones. María forma parte del paisaje emocional de Os Mallos. “La gente me apoya, entiende que soy persona. Tengo días buenos y otros no tanto. Pero estoy aquí, para ellos, y ellos están para mí. Sin esa conexión, nada tendría sentido”.

Colabora con la Asociación de Comerciantes Distrito Mallos en todo lo que puede. “No tengo mucho tiempo, porque esto requiere mucho, pero estoy en contacto, y sé que si hace falta algo, ahí estamos”.

Y así, día tras día, año tras año, María sigue levantando la verja, colocando las piezas, saludando por el nombre, atendiendo con esa calidez que ya no se compra en ningún sitio.

“Estoy muy agradecida. Llevo muchos años, y si sigo aquí, es gracias a la gente. Sin ellos, por mucha buena fruta que tengas, no eres nada. Y yo espero seguir muchos años más.”

Si un día pasas por A Campiña, no olvides algo: lleva cambio, lleva cesta… pero sobre todo, lleva ganas de hablar con alguien que hace barrio.

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