El auge del barefoot: volver al origen, con cabeza

Caminar es uno de los actos más naturales del ser humano, pero pocas veces pensamos en cómo lo hacemos o qué papel juega el calzado. 
Barefoot
Barefoot: caminar descalzo

En los últimos años ha crecido el movimiento barefoot o “caminar descalzo”, que defiende la vuelta al origen y la libertad del pie, siempre con equilibrio entre naturaleza y sentido común. 

El pie es una obra de ingeniería con 26 huesos, 33 articulaciones y más de un centenar de músculos y ligamentos que trabajan de forma precisa para amortiguar y estabilizar cada paso. Nuestros antepasados caminaban descalzos sobre distintos terrenos, fortaleciendo su musculatura y manteniendo contacto con el entorno. 

Con el calzado moderno, ese contacto se perdió. Amortiguamos tanto el suelo que el pie dejó de sentirlo, y cuando un órgano deja de sentir, también deja de funcionar en su máximo potencial. El barefoot busca recuperar su función natural con calzado ligero, flexible, sin tacón y con puntera ancha, permitiendo que el pie se expanda y sienta el terreno. 

Pero una transición brusca puede provocar sobrecargas o lesiones: nuestros pies, acostumbrados durante años a la amortiguación y contención, pueden haberse debilitado. Por eso, debe adoptarse de forma progresiva, fortaleciendo primero la musculatura. Además, no todos los pies son iguales ni todos se benefician por igual, incluso para muchos puede llegar a ser perjudicial: una valoración podológica permite adaptar cada caso con ejercicios, calzado de transición.. El barefoot no es una moda ni una solución mágica, sino una herramienta más en la salud del pie. Volver al origen no significa rechazar el progreso, sino reconciliar la biología con la realidad. 

Cuidemos nuestros pies y busquemos siempre el asesoramiento de nuestro podólogo de confianza.