Comercio de barrio

Marcos Rivas: “La plaza me vio crecer, y también me vio emprender”

Desde que sus padres regresaron de Inglaterra a finales de los 80, la vida de Marcos ha estado muy ligado al Mercado de As Conchiñas. Lo que empezó con una pollería familiar terminó convirtiéndose en una apuesta personal por darle más vida y variedad al puesto, ampliando e incorporando  la charcutería. Esta es una historia de trabajo, cariño y tradición que sigue vigente hoy en día.
Marcos Rivas: “La plaza me vio crecer, y también me vio emprender”
Marcos Rivas
Marcos Rivas

¿Cómo comenzó todo?

Mis padres María y Manolo estaban emigrados en Inglaterra, trabajando en hostelería y jardinería. Cuando regresaron, allá por el 87, un familiar que era carnicero les habló de un puesto libre en la plaza. Ellos no tenían experiencia, pero se animaron y cogieron una pollería. Mi tío les ayudó al principio con lo básico, y así arrancaron. Desde entonces, han estado siempre en la plaza, trabajando duro y con muchas ganas.

¿Y tú cuándo te incorporaste?

Yo empecé a echarles una mano desde joven, pero fue alrededor de 1995 o 1996 cuando me metí de lleno en el negocio familiar. Poco a poco fui aprendiendo y trabajando con ellos en la pollería, y más adelante, en 2017, decidí ampliar y en un siguiente momento abrir la charcutería, manteniendo la pollería como base. Quería darle un nuevo aire al puesto y que siguiera siendo un referente en la plaza.

¿Cómo fue el paso de mantener la pollería y abrir la charcutería?

No fue empezar de cero, porque la pollería ya tenía su camino hecho. Pero sí fue un reto crecer y sumar algo nuevo sin perder la esencia familiar. Estábamos con un local pequeño y  tuvimos que ampliar a uno más grande porque aquí elaboramos mucho producto fresco y preparado, que necesita espacio y tiempo.

¿Qué tipo de productos ofrecéis hoy en día?

Tenemos de todo un poco: carne fresca de cerdo, pavos grandes que despiezamos aquí mismo —nunca envasados—, y siempre pollo campero. Además, elaboramos productos como zorza, croquetas diferentes cada semana, rebozados, hamburguesas... Todo con productos de calidad media-alta, pensado para gente que busca algo distinto y bien hecho.

¿Y los productos más tradicionales, como los curados y salados?

Sí, también trabajamos productos curados de forma artesanal, como lacón, cachola y costillas. Los curamos solo con sal en nuestra cámara de salado durante cinco o seis días, luego los preparamos para nuestros clientes. Es un proceso que requiere tiempo y paciencia, pero el sabor y el color son inconfundibles. Todo esto se hace aquí mismo, sin aditivos.

¿Qué otros servicios ofrecéis?

Por encargo preparamos asados: lacones, corderos, cabritos, cochinillos... Lo que el cliente quiera, listo para llevar y comer. También traemos productos de otras zonas si hay demanda, como chorizos de León, botillos o embutidos de Valencia. Queremos dar variedad sin perder la calidad.

Tu madre estuvo muchos años en el puesto y ahora que se ha jubilado, ¿cómo ha cambiado la dinámica del negocio?

Sí, mi madre dedicó casi 40 años a este puesto y fue una gran parte del negocio. Cuando se jubiló hace poco, fue un cambio importante para todos, porque ella siempre estuvo al pie del cañón. La pandemia retrasó un poco su despedida, pero cuando llegó, fue muy emotivo. Ahora somos solo dos, yo y Mirian en el puesto, y aunque mi madre ya no trabaja aquí, sigue viniendo de vez en cuando a hacer la compra y a saludar. Se nota que no puede estar desconectada del todo, porque esta plaza es también su casa.

Después de tantos años, ¿qué crees que ha mantenido vivo este negocio?

El amor por lo que hacemos, la constancia y saber adaptarnos. La gente que viene al mercado valora la calidad y el mimo en cada producto. Nosotros no improvisamos, pero sí aprendimos a entender al cliente y a las circunstancias. Lo que empezó casi por casualidad acabó siendo el trabajo de toda una vida, hecho con compromiso y mucho cariño. 

¿Qué dirías para finalizar?

Agradecer a todos por hacer sus compras en el Mercado y a todos mis clientes por su confianza.

Marcos Rivas: “La plaza me vio crecer, y también me vio emprender”