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Roberto, de Foto Cruz, se jubila

Foto Cruz: 41 años mirando al Agra a través del objetivo de Roberto.

Hay comercios que forman parte del paisaje de un barrio como un banco de madera o una farola familiar. Fotocruz es uno de ellos. En la calle Barcelona de A Coruña, la cámara de Roberto Cruz ha retratado generaciones enteras, acompañando al Agra del Orzán en sus cambios, alegrías y transformaciones. Ahora, tras más de cuatro décadas detrás del mostrador, llega el momento de bajar la persiana. Pero las historias que forjó seguirán vivas en cada álbum de fotos.

Roberto, de Foto Cruz, se jubila
Roberto Cruz
Roberto Cruz

En la calle Barcelona 39 hay una puerta que lleva 41 años abriéndose cada día. Detrás está Roberto Cruz, siempre con una sonrisa tranquila y las manos listas para colocar una foto en su sitio. Fotocruz no es sólo una tienda de fotografía: es el lugar donde durante décadas se fue a por las fotos de la escuela, las de carnet urgente, las fotos para un documento importante… o simplemente para tener un recuerdo en papel que durase.

La historia comienza mucho antes de esa persiana. Empieza con José María y Carmen, los padres de Roberto, que emigraron a Bilbao buscando oportunidades y terminaron montando allí un estudio fotográfico. Allí nacieron Roberto y su hermano, rodeados de cámaras, flashes y ese olor a químico del cuarto oscuro que sólo quienes lo vivieron pueden recordar.

Pero la morriña mandó. En 1982, la familia regresó a Galicia y abrió el primer Foto Cruz en la calle Costa Rica. Dos años después, en 1984, llegaría el local que todos conocemos: Foto Cruz en la calle Barcelona. Roberto tenía 21 años y ya lo había visto todo: desde niño observaba a su padre revelar, aprendió ayudando, alternando estudios con el trabajo. El oficio le entró en la piel sin que casi se diera cuenta.

Aquella calle Barcelona era muy distinta a la de hoy. Todavía no era peatonal y rebosaba vida comercial. Había un puñado de tiendas de fotografía, moda a ambos lados, bancos, familias entrando y saliendo. Venía gente de los pueblos cercanos porque el Agra era un centro comercial en sí mismo. La tienda se llenaba, los clientes repetían y siempre había mucho movimiento.

Uno de los momentos clave fue cuando Foto Cruz incorporó la máquina de revelado en una hora. En lugar de esperar días, los carretes familiares y las fotos de carnet salían en el momento. Era una revolución. Hasta entonces había que conformarse con imaginar el resultado. De pronto, la espera se hacía corta y la foto se hacía presente.

Con el paso de los años, llegaron los grandes cambios tecnológicos. La fotografía digital cambió para siempre la relación con la imagen. Hubo que invertir, actualizarse, aprender a manejar nuevas máquinas… y, con el tiempo, despedirse también de ellas cuando ya se quedaban obsoletas. Roberto se adaptó sin protestar: “Había que hacerlo. Y como me gusta la informática, se llevó bien”, cuenta.

Mientras tanto, el barrio también cambiaba. Abrieron los centros comerciales. Creció el problema del aparcamiento. Muchas familias se mudaron a otras zonas. La calle perdió parte de aquel bullicio de antaño. Pero Foto Cruz siguió allí, resistiendo, siendo punto de encuentro y memoria.

Y ahora ocurre algo curioso: vuelve el carrete. Los jóvenes buscan cámaras antiguas sin pantalla. Quieren la sorpresa. Quieren que una foto sea algo más que un archivo. Roberto sonríe cuando habla de eso porque le recuerda por qué se enamoró de esta profesión. Y sabe que, de algún modo, cierra su etapa justo cuando el círculo vuelve a empezar.

Este año, Roberto ha decidido jubilarse. Sus padres tienen 90 y 88 años. Su nieta le espera para jugar. Hay un tiempo de vida que nunca más volvería si él siguiera detrás del mostrador todos los días. Por eso el 24 de diciembre será el último día con la persiana levantada. Aunque él mismo reconoce que el cierre no será inmediato: todavía hay entregas que hacer, cosas que ordenar, despedidas que atender.

No hay relevo, de momento. Si apareciera alguien dispuesto, él estaría encantado de transmitir el oficio, de contar los trucos que no vienen en ningún manual. Pero entiende que la vida es así y que no todo lo que vale la pena encuentra continuidad.

Cuando se le pregunta qué quiere decirle al barrio, lo dice claro, sin rodeos, con corazón:

“Gracias. Gracias por sostenernos durante 41 años. Gracias porque gracias a vosotros hemos podido vivir de esto toda la vida”.

Foto Cruz desaparecerá como negocio, sí. Pero seguirá ahí en las paredes: en las fotos del carné escolar, en los retratos de graduación, en la boda de los padres y el primer día de clase de los hijos.

En cada recuerdo impreso que un día salió de esta tienda.

Porque el Agra del Orzán también es eso: un barrio que miró a la cámara de Roberto y sonrió.

Roberto, de Foto Cruz, se jubila