Comercio de barrio
Volver para empezar: la historia de Juan Carlos Pardo
La vida de Juan Carlos Pardo transcurre entre Venezuela y Galicia, y está marcada por el trabajo, las decisiones y la capacidad de adaptarse.
Cuando entras en Global Mail Print, en la avenida de Finisterre 166, lo primero que te encuentras es una sonrisa. Belén, Juan Carlos o Ismael te atienden con cercanía, sin prisas, y sales con la sensación de que tu trabajo está en buenas manos.
Juan Carlos es quien lleva el timón, pero detrás hay un equipo de ocho personas que hacen que todo funcione.
Su historia empieza mucho antes que él naciera.
En los años cincuenta, sus padres emigraron a Venezuela siendo muy jóvenes, como tantos gallegos. Salieron de Ortigueira y de A Estrada buscando oportunidades que aquí no había. Allí empezaron desde cero, trabajando duro, como casi todos los que llegaban.
Con el tiempo, su padre levantó una empresa que llegó a tener 250 trabajadores. Un proyecto construido paso a paso, que no sólo les dio estabilidad, sino que dejó un legado claro: el valor de empezar de cero, de trabajar con constancia y de crear algo que también sirva a los que vienen detrás.
Ese ejemplo marcó a Juan Carlos.
En Venezuela, tanto él como Belén, su mujer, también emprendieron. Lo hicieron en los locales de la empresa familiar, siguiendo ese mismo espíritu. Pero cuando decidieron venir a España, tuvieron que dejarlo todo atrás.
En 2001, con un hijo pequeño y una situación cada vez más complicada en el país, Juan Carlos dio el paso y regresó a Galicia. Empezaron de nuevo, esta vez en A Coruña.
Los inicios fueron en el transporte, un trabajo exigente que les sirvió para entender el terreno. El giro llegó casi por casualidad, al trabajar con manuales de formación. Se hicieron una pregunta sencilla: si otros los imprimían, ¿por qué no hacerlo ellos?
Investigaron, se rodearon de gente con experiencia y apostaron por la impresión digital, justo cuando empezaba a crecer.
Así nació Global Mail Print.
La crisis de 2008, que golpeó a muchos, en su caso fue una oportunidad. Las empresas buscaban tiradas más pequeñas y flexibilidad, y ellos supieron encajar ahí. Fueron dejando el transporte y centrándose en la imprenta.
Empezaron tres. Hoy son ocho.
El camino no ha sido siempre fácil. La pandemia, por ejemplo, frenó en seco gran parte de su trabajo. Tocó adaptarse otra vez: buscar nuevos clientes, abrirse a editoriales, imprimir libros. No era lo habitual, pero funcionó.
“Fueron años complicados”, recuerda.
Hoy siguen evolucionando, apostando por trabajos más personalizados, tiradas cortas y un trato cercano que sigue siendo su sello.
La historia de Juan Carlos Pardo se parece a la de muchas familias: emigrar, trabajar y, en algún momento, volver.
Pero hay algo que la define especialmente: la capacidad de adaptarse.
Cambiar de país.
Cambiar de sector.
Dejarlo todo y empezar otra vez.
Sin grandes discursos. Sin adornos innecesarios.
Simplemente, dando el paso cuando toca.