Os Castros
Un balcón en la ventana de la ciudad
El Mirador de Os Castros se asentó desde los años 60 como uno de los grandes emblemas de este barrio tradicional y populoso, y asistirá como testigo privilegiado a la transformación de la fachada marítima de A Coruña en un futuro próximo.
Hay espacios urbanos tan integrados en el entorno que parecen haber disfrutado en su momento de una magia que se resiente por la costumbre de servir como simples lugares de tránsito. Ocurre incluso en zonas emblemáticas que se convierten para la mayoría de transeúntes, en especial debido al ritmo apurado de la vida moderna, en suelos que pisar a paso ligero para continuar el recorrido a pie hacia algún destino particular. Pero hay parques, plazas y tramos peatonales que conservan un enorme poder de atracción.
El Mirador de Os Castros, como balcón privilegiado en un barrio tradicional y testigo de grandes trasformaciones urbanas, continúa inspirando un cambio provisional de mentalidad o de actividad para aquellas personas que disponen de un instante para detenerse allí. Una zona ancha, ajardinada y con vistas fomenta probablemente una mirada más amplia, pausada o profunda. El lugar ha mantenido una esencia propia con muchos matices nuevos.
La construcción del parque de San Diego a finales del siglo pasado cambió la perspectiva inmediata y es más habitual que nunca mirar hacia abajo desde el extremo del Mirador para observar con agrado ese coqueto espacio de recreo y sus opciones de juego, entrenamiento, paseo y coloquio. El reflejo del atardecer en la línea de edificios de la avenida del Ejército, estrenada para la circulación de vehículos en los años 70, constituye una demostración de que aquellas construcciones también representan una fachada exterior de la ciudad, aunque el mar, a la altura del mirador, no adquiere a día de hoy una presencia imponente.
La Marina apenas se intuye desde este rincón de Os Castros, la magnitud de los trasatlánticos se pone de manifiesto como si rivalizase con la fisonomía local y la Torre de Hércules se hace notar más en plena noche gracias a la proyección de la luz del faro. El Mirador, en cualquier caso, permite una mirada hacia dentro y hacia fuera, hacia un horizonte de cemento, vidrio y naturaleza, con la presencia del gris, el azul y el verde.
Acontecimiento vecinal y asombro forastero
Había transcurrido medio siglo desde la anexión del Ayuntamiento de Oza al de A Coruña cuando se celebró la inauguración del Mirador en un enclave destacado del antiguo municipio rural y marinero. Un evento que generó una gran expectación en la ciudad y, especialmente, en el barrio, a finales del otoño de 1962.
El diario vespertino La Noche adelantaba estos detalles el 26 de noviembre de aquel año: “En fecha próxima se inaugurará el mirador de Los Castros, desde el que se podrá contemplar una de las más bellas panorámicas de La Coruña. La rotonda ha quedado terminada y ahora se procede a la instalación de alumbrado y jardinería. En dos placas de mármol figurarán en gallego, castellano, francés e inglés dos conocidas poesías vernáculas originales de García Ferreiro y Curros, que ensalzan nuestra ciudad”.
El lema turístico más icónico de la capital herculina, aquel que reza que en A Coruña nadie es forastero, había comenzado a difundirse precisamente el verano anterior. Qué mejor medida, en sintonía con ese espíritu cosmopolita, que embellecer una de las grandes vías de acceso a la urbe. “A la entrada del mirador será instalada una oficina de turismo, en la que se facilitarán datos sobre alojamientos, lugares típicos y todos aquellos que puedan interesar al forastero”, apuntaba La Noche el 30 de noviembre.
Aquel mismo artículo aportaba más datos que permiten conocer las características originales de este apreciado rincón: “El mirador, que ha sido dotado de zona ajardinada, estará iluminado con potentes reflectores. En su atalaya figurará una leyenda, la historia de La Coruña y una reproducción exacta de la ciudad. Para facilitar la mejor observación de la ciudad y del puerto serán colocados varios catalejos”.
Un horizonte complejo
La Hoja Oficial del Lunes publicó el 10 de diciembre una crónica completa del acto de inauguración celebrado el mediodía anterior y destacó el éxito del evento: “Toda la barriada se había congregado en aquel lugar, artísticamente engalanado con banderas, grimpolas y gallardetes, para recibir a las autoridades y presenciar el acto”. La Banda Municipal de Música y el coro Cántigas da Terra actuaron en directo en el Mirador.
Algunas costumbres, protocolos y jerarquías sociales propios de la época se plasman en otro fragmento: “Comenzó el acto con el corte de la simbólica cinta, efectuado por el alcalde de la ciudad. Seguidamente procedió a la bendición del nuevo mirador de La Coruña el párroco de Nuestra Señora del Carmen, don Daniel Barreiro. A continuación, autoridades e invitados al acto pasaron a la tribuna presidencial, desde donde el presidente del Centro Cultural y Deportivo de Los Castros, don Ángel Castañedo, como representante del barrio, pronunció unas palabras de agradecimiento al alcalde y miembros de la Corporación Municipal por las mejoras que vienen realizando en el barrio”.
El entonces regidor, Peñamaría de Llano, “señaló que La Coruña no son solamente Los Cantones, sino también todos y cada uno de sus barrios, y que con tenacidad y perseverancia se lograrán, dentro de pocos días, obras como la urbanización de Cuatro Caminos, el palacete de Santa Margarita, el andén Orzán-Riazor y otras”.
La ciudad asiste ahora a un proceso de inmenso calado como el de la reconversión kilométrica de la fachada marítima, y el Mirador continuará representado una superficie privilegiada para observar la evolución histórica de A Coruña. Asoma poco a poco la incertidumbre de una modificación del paisaje y de la irrupción de nuevos o no tan nuevos contrastes.