Reyes Magos en A Coruña

La cabalgata que abrió el camino

Los Reyes Magos se subieron por primera vez a una carroza coruñesa para dejarse ver por el entusiasmado público infantil en 1909, durante una celebración apoteósica que hoy se asume como imprescindible en el calendario

La cabalgata que abrió el camino
Reyes Magos
Reyes Magos

La ilusión de un niño pequeño es una de las demostraciones de asombro y felicidad más genuinas y espontáneas que se pueden observar con frecuencia. Cuesta hacerse una idea de la impresión que pudo causar en la infancia coruñesa la presencia física de los Reyes Magos por primera vez en una cabalgata moderna pionera en Galicia. Algunas tradiciones asentadas representaron una novedad, entonces sin la continuidad deseada, en un pasado no muy remoto. En este caso, a principios del siglo XX.

La iniciativa quedó en manos de la Liga de Amigos, entidad fundada en 1903 con el objetivo de organizar las fiestas de la ciudad y dedicada a cohesionar, dinamizar y canalizar propuestas culturales y deportivas que a menudo se convertirían en eventos innovadores como campeonatos de fútbol, deporte en pleno auge, y un festival de aviación que culminaría con el primer vuelo a motor sobre territorio gallego en 1911.

Las negociaciones con Sus Majestades llegaron a buen puerto. Concretamente, al herculino. Y más concretamente, a lo que hoy se considera la parte más céntrica y antigua de la ciudad, pues el grueso del municipio quedaba rodeado entonces por el vecino Ayuntamiento de Oza. El recorrido quedó delimitado a zonas como Juana de Vega, Plaza de Ourense, Plaza de Mina, Cantones, Calle Real, Riego de Agua, Plaza de Azcárraga y San Andrés.

Entre guardianes y músicos

“El tradicional ensueño de los niños de todas las épocas va a tener este año en La Coruña forma tangible”, resaltaba El Eco de Galicia el 26 de diciembre de 1908, ya que hasta aquel momento “se hablaba entre los pequeñuelos del paso de los monarcas de Oriente por la población, aunque ninguno pudiese dar detalles de sus lujosos mantos, del número de camellos ni del aspecto de los servidores”.

El artículo citado adelantaba algunos datos en torno a las características de la celebración que tendría lugar pocos días después: “Los Magos, renunciando por esta vez a sus blancos corceles, harán su entrada en magnífica carroza, rodeados por una numerosa guardia montada y a los acordes de músicas”.

El procedimiento para organizar la entrega de regalos quedaba detallado a continuación: “Los Reyes Magos repartirán a domicilio juguetes a los niños cuyos padres remitan al local de la Liga, hasta el 3 de enero a las diez de la noche, los correspondientes paquetes convenientemente lacrados, y en los cuales se inscribirá con toda claridad el nombre del niño a quien el paquete va dirigido y el número, piso y calle en que vive”.

La dirección debería pertenecer a un amigo o familiar que pudiese recibir el paquete en nombre del niño beneficiado en el caso de que éste no residiese en una de las calles del trayecto indicado. “En concepto de depósito habrá que abonar una peseta por cada uno o dos paquetes y 0’50 pesetas por cada paquete más”, se aclaraba posteriormente.

Un depósito de regalos

La cabalgata completó con éxito aquel espectáculo inaudito de sonrisas y obsequios en forma de juguetes y golosinas. Gestos miltitudinarios de fascinación que apenas puede compensar la entrega de un objeto físico en una fecha señalada. El Eco de Galicia lo reflejó en su crónica publicada el propio día de Reyes.

“Rompían la marcha algunos jinetes, y a continuación una modesta carroza-depósito repleta de paquetes, bajo cuyas envolturas se adivinaba ya el caballo de cartón, ya el tambor o la hermosa muñeca y otra infinidad de objetos que a estas horas habrán hecho las delicias de un centenar de chicos, y estarán hecho pedazos en el rincón de la galería o bajo una cama de su propio destructor”.

Así dejaba pistas este diario sobre los regalos más esperados y la confianza en la delicadeza de sus nuevos e impulsivos propietarios. Las compras continuaron después, ya que en torno da las diez de la noche, cuando la comitiva se retiraba, “la circulación por las calles era extraordinaria y los comercios de juguetes estaban rebosantes de gentío”, según explica el texto, que añade una referencia a la participación: “En esto de las tradiciones es muy difícil cambiar. Hoy serán más los niños que hallen juguetes y golosinas en el balcón, que los que ayer recibieron la visita de los reyes de la Liga”.

La cabalgata no se consolidó a raíz de aquel acontecimiento como celebración con hueco fijo en el calendario local. El paso de la carroza pionera por las calles y plazas de A Coruña durante el anochecer de aquel cinco de enero se convirtió en un acontecimiento excepcional, un paréntesis mágico en el que se escenificó un entusiasmo infantil y colectivo que a día de hoy se considera una convocatoria fundamental cada víspera de esa madrugada en la que la única certeza ha de ser, paradójicamente, la capacidad de sorprenderse.

La cabalgata que abrió el camino