libros
Conversamos con Berta Roca por la publicación de su nuevo poemario
Sinceramente no sabía que esperaba, seguro que algo lo suficientemente bueno como para dar el paseo. Pero después de las debidas presentaciones y agradecimientos pertinentes, una vez que empezó a recitar, cada poema iba fijando más y más mi atención, por momentos arañándome, hasta desgarrarme. No miento si digo que se me erizó el pelo y se me puso la piel de gallina escuchándola. Como agradecimiento a tremendo despliegue, natural y salvaje, real y sincero, que menos que hacerle una entrevista para EntreNós, y que fuera ella misma quien nos contara un poco mas, sobre sí misma, y sobre este poemario que acaba de publicar. Sin más, os dejamos con ella:
En primer lugar, ¿cuándo empezaste a escribir y qué te llevó a hacerlo?
Creo que la escritura siempre ha estado ahí. Empecé de niña, escribiendo cuentos infantiles, y durante años fue algo muy natural. Incluso gané algunos premios. Luego, en la universidad, lo dejé: apareció una voz que me decía que escribir era cosa de niñas. Después de terminar Derecho y la oposición, sentí que tenía que volver. Probé con narrativa, pero a los 30 llegué a la poesía y ahí me quedé.
¿Qué ocurrió en ese paso hacia la poesía?
Hasta entonces no tenía hábito poético. Pero a partir de los 30 devoré poesía y escritura durante una década. Fue un proceso muy intenso.
Te quería preguntar... dices que estuviste leyendo un montón de poesía. Dime cuatro nombres que te vengan así de repente.
Que me vengan, mira. Que me generase un plum, Silvia Plath. Owen Sears que te recomiendo el poemario El Hombre Sombra. Es fabuloso. Mary Oliver. Si tengo que decir un cuarto, a lo mejor es Szymborska, que también es así como un poco primo-hermana de Mary Oliver en cuanto al no-academicismo.
¿Qué temas te persiguen?
No evito ninguno. Todo lo que me atraviesa, lo escribo.
Tengo algunas preguntas en concreto sobre el libro… y vamos a empezar por el final. Entonces, este libro dice en su última página... “Se terminó de escribir el 21 de junio de 2025. Era solsticio”. Pero, ¿cuándo se empezó a escribir? ¿Cuándo se empezó, ya no a escribir, sino a gestar?
Pues yo creo que sería... 2020. Después del COVID empezó a venir el impulso.
¿Y de dónde surge? ¿Por qué? ¿Hay un punto, un clic?
Creo que hay una necesidad de liberarme. Hay una necesidad de liberar a la parte que yo siento como libre y salvaje, como mi naturaleza.
El libro no tiene título, por qué?
El libro no tiene un título cerrado porque el proceso fue muy largo y complejo. Al inicio yo lo llamaba “mujer salvaje”, que era el impulso creativo inicial. Sin embargo, el proyecto evolucionó hacia algo más amplio: la vida de Berta atravesada por la herida y el renacer. En el proceso de construcción del poemario, con la ayuda de Antía Otero —con quien trabajé la limpieza, la estructura y la unidad del libro—, apareció la idea de que ese arquetipo ya existía. Durante dos años busqué un título que recogiera todos los matices, pero ninguno lograba abarcarlo todo. Finalmente decidí no titularlo, dejando que el propio libro, a través de su recorrido y sus símbolos, se nombre a sí mismo.
¿Cómo fue el proceso de creación física del libro?
Es artesanal: papel, algodón, nogalina y elementos naturales. El punto rojo simboliza la raíz, la tierra, la energía femenina y los ciclos.
Otra pregunta más sobre el libro, el proceso de elaboración, antes de meternos de lleno en los poemas. El trabajo con manchea, con Laura y Tono. Cuéntame, por favor, ¿quién es esta gente? ¿Qué hacen? ¿Cómo surge vuestro contacto?
Son magos y no lo saben. El contacto con ellos y el proceso de elaboración de este libro surge porque el primer libro que autoedité lo hice con la ayuda de Pablo y de Luisa, de Bululú, y con el equipo que ellos tenían de edición. Entonces, mientras estaba trabajando con ellos, Pablo me dijo, oye, ¿viste el libro que acaban de editar manchea, Porca Terra? Conócelos cuando puedas, porque yo creo que te va a encajar un montón. Le dije, vale, bueno, la cosa quedó ahí porque yo hice esa autoedición, después hice otra, y al llegar a la tercera... me acordé de manchea, y dije, pues voy a conocer a estos chicos.
Y fui a Junto de manchea a decirles, oye, yo tengo esta idea, ¿qué os parece? Y bueno...las ideas que tienen, la forma de trabajar tan amorosas, que les da igual que hagas un ejemplar, que hagas 3.400, ellos se implican de la misma manera, sienten, te sienten, sienten tu necesidad, no imponen la suya, y a la vez te acompañan, y si tienes alguna duda te la responden. Creo que he conectado con los dos de una forma súper honesta, creo que es una auténtica fortuna haberme cruzado en la vida con ellos, porque apuestan por un arte que está como fuera del circuito, como lo que estoy haciendo yo, que por estar fuera del circuito, renuncias a determinadas cosas, pero ganas otras.
Vuelvo al libro. No hay título, pero sí hay cuatro capítulos que se titulan La herida, Noches oscuras, Alquimia y Canto. ¿Qué son? ¿Estaciones de tu vida?
Al principio escribí poemas bonitos, pero yo no estaba en ellos. Así que tracé una línea de vida desde la infancia hasta hoy y me incluí. La herida es la infancia y juventud; Noches oscuras, los últimos años de dolor profundo; Alquimia, el proceso de integrar; y Canto, cuando ya puedes escucharte sin ruido de herida ni trauma.
“Bailar borracha, volver a casa sin zapatos, escribir un poema. ¿Quién te va a querer?” Te pregunto. ¿Sigues contando los días, pasan ahora más lentos?
Ahora vivo cada día como una vida: nazco por la mañana y muero por la noche. Disfruto lo cotidiano. Ya no cuento los días.
¿Qué pasa con el hombre pájaro que llevas atado a la espalda? ¿Y qué sentiste mientras eras pájaro?
Me cuesta mucho más hablar de esta parte porque yo estuve con un buen hombre durante 10 años. Y me casé con él. Y creo que hicimos un intercambio, como todas las parejas que tienen su intercambio, aunque no nos demos cuenta. Todas las parejas intercambian, duren lo que duren. Y hay un bonito aprendizaje. Lo que pasa es que este aprendizaje fue por veces bonito, por veces duro. Como cabría esperar cualquier intercambio.
Las parejas están juntas para amarse, pero también para sufrir. Es cierto. El hecho de no poder continuar esa relación, queriendo continuar esa relación, fue para mí absolutamente traumático. Porque sentía que la vida me estaba expulsando de un lugar en el que yo me habría quedado. Porque yo lo quería. Pero de repente como que todo se evaporó, todo se desvaneció y yo ya no era de aquel lugar. Y claro, no es algo muy concreto que puedas decir, no puedo continuar aquí, ¿por qué? Y te doy una ecuación. Era esto que te estoy transmitiendo. Entonces el dolor que sentí de saber que le estaba haciendo daño, porque claro, al quererlo y saber que él estaba sufriendo como nunca había sufrido en su vida, para mí fue un horror, un verdadero horror. Fue salvajemente horrible.
Entonces ese poema me lo puse encima de la cabeza durante años. Hasta que llegó un día en que ya no fue necesario. Fue una penitencia que me impuse por el dolor que le estaba haciendo a la otra persona. Sí, me impuse una penitencia muy grande.
Y claro, yo antes de eso fui pájaro. Y gracias a ser pájaro aprendí muchas cosas, muchas, muchas, con el hombre pájaro. Aprendí eso, lo digo en algún poema, aprendí mucho del silencio, aprendí mucho de la soledad, en el sentido de que él era más solitario y yo era completamente social y completamente hacia afuera y de calle. Entonces me llevó a lugares más silenciosos, más tranquilos, que yo desconocía.
¿Hay amor sin dolor?
Es que yo creo que los vínculos más importantes de la vida es necesario que tengan amor y que tengan dolor en su proceso de amor. Hermanos, padre-hijo, madre-hijo, hermano, tu pareja, con tu mejor amigo, con tu mejor amiga. Porque si excluimos el sufrimiento y el dolor de la vida, no está completa. Es igual que si quisiésemos que todo el rato fuese de día o que todo el rato fuese verano. Es que es cíclico, volvemos otra vez, ¿sabes? Y todo se produce en esa combinación. No solo de un lado, es necesaria la combinación. Y hasta que no nos rindamos a eso, pues claro, pues claro que hay dolor, claro.
“¿Cómo encontrar el pulso en medio de tanta ruina?” ¿Cómo lo haces?
Con intuición. Hay que dejarse caer. En el fondo del dolor aparece una calma desde la que todo se transforma.
¿Qué ocurre después?
Silencio, paz y transformación. Mueres y renaces en otra versión de ti.
En cuanto a tu proceso como mujer, ¿qué has descubierto?
Bueno, esto es muy complicado, por eso llevo 10 años atravesando muchísimos lugares, desde todos los cuerpos que soy, desde el mental, el emocional, el físico y el corazón, para poder vivir la vida de la mejor manera desde un cuerpo de mujer y además vivir la vida siendo Berta. Todo este proceso me ha llevado a descubrir que lo que nos dijeron que era ser mujer no era, y a regresar a una sabiduría más intuitiva que habíamos olvidado.
También he entendido que no podemos vivir siempre desde la misma energía: hay momentos para ir hacia fuera y otros para recogerse. Aprender a respetar esos ciclos y acompañarte en cada fase cambia mucho la relación contigo misma y permite una forma de estar más honesta y más propia.
En cuanto a la maternidad, yo lo intenté, pero entendí que no era mi camino. Lo importante es escucharse y ser fiel a la propia naturaleza, vivir desde uno mismo y desde Berta, sin dejarse guiar por lo que la sociedad marca como obligación o destino. Esto también transforma los vínculos y te permite relacionarte con los demás de manera más sana y auténtica.
¿Y como fue ese intento?
Había una búsqueda de calor, lo que pasa que yo estaba buscando calor en el lugar equivocado. Bueno, la vida me dijo de muchísimas maneras no, no, yo lo intentaba por aquí y me decían no, lo intentaba por allí y me decían no, sabes, hasta, no sé, los 42 sería a lo mejor, que me dijo no, que no, que no es por aquí, pero bueno… Yo imaginaba esa construcción y me parecía bien, pero luego con los años comprendí que no habría tenido cabida en mi naturaleza.
Para terminar, vuelvo a citar un verso de uno de tus poemas: “Y la abuela, un poco más leve, porque acaba de llegar, me pregunta como siempre... ¿Eres feliz?” ¿Eres feliz, Berta?
Sí. Ser feliz es ser tú y vivir acorde a eso. Hoy puedo decir que sí.
Muchas gracias por tu tiempo y desearte el mejor de los éxitos con este proyecto y los que vengan.
Acompañamos la entrevista con un poema de este libro escogido por la propia autora:
Todas las niñas se cuentan un relato
no me refiero a los de príncipes, princesas y esas cosas
sino a una historia que te repites desde pequeña
por ejemplo que no vales, hay algo mal en ti tanto llorar no es normal, a ver así quién te va a querer
entonces las lágrimas se vuelven en contra, son malas
como tú, que subes y bajas igual que las mareas o las fases
del astro blanco, aunque en ti es raro
no sabes qué hacer y pides ayuda
y te das cuenta que no te queda más remedio que depender
de alguien dispuesto a socorrerte, a dejarlo todo en cualquier
momento, porque la tristeza llega sin avisar
y se queda
nadie te explicó que en realidad viene para hablar
escribir un poema o soltar trozos de una
Esto es lo que yo me conté: siempre necesitarás a alguien
que te salve de ti.
Además de escribir poesía, Berta también hace acompañamiento a escritorxs que están buscando la mejor manera en que pueden llegar a autoeditarse. También lleva a cabo círculos de mujeres su local de la Ciudad Vieja. Sobre todo esto podéis encontrar mas información en su web: https://www.aletheia.gal/ y en su cuenta de instagram: @aletheia_escribe.
Su libro esta a la venta en Berbiriana y en manchea.