Comercio de barrio
Pizzería Pepe: 22 años de barrio, familia y lucha diaria
Al frente están Javier y Silvia, una pareja que demuestra cada día que la receta del éxito no son sólo buenos ingredientes, sino una mezcla de esfuerzo, cariño y esa ambición humilde que no busca crecer a cualquier precio, sino mejorar siempre sin perder el alma.
La historia comenzó el 1 de enero de hace ya más de dos décadas, cuando se encontraron con el local que acabaría cambiándoles la vida. “Nuestra idea era montar algo en el Burgo, donde vivíamos”, recuerda Javier. “Pero vimos este local y en tres meses ya estábamos funcionando. Fue todo muy rápido, casi una señal”.
Ambos venían de mundos distintos, pero con un punto en común: la hostelería siempre formó parte de sus vidas. Javier empezó a trabajar con solo 14 años en Raxaría As Neves, pasó por varios locales muy conocidos y, durante un tiempo, incluso fue funcionario del Estado, destinado en Moncloa. “Dejé todo y volví por amor. No salió bien, pero regresé a lo que sabía hacer desde siempre”, cuenta. Fue en La Jijonenca donde conoció a Silvia, que entonces era la encargada. Sin saberlo, allí empezó una historia de casi 30 años de vida juntos, dos hijos y un negocio que ha crecido al mismo ritmo que el barrio.
Pizzería Pepe es su casa, pero también la casa de Daniela y Martín, sus dos hijos, ambos con necesidades especiales. “Adaptar el trabajo a ellos ha sido y es una lucha diaria”, explica Javier. “Pero siempre tuvimos claro que la familia iba primero. A veces decidimos ganar menos, cerrar domingos o ajustar horarios, pero queríamos vida. Vida de pareja, vida familiar. Eso es ambición también”.
Porque para ellos la ambición no es tener cinco locales ni expandirse sin control. “La avaricia rompe el saco”, repite Javier. Lo suyo es otra cosa: “La ambición es levantarte cada día y mejorar algo, aunque sea pequeño. Superarte dentro de las circunstancias, de los imprevistos, de la vida misma”.
Silvia, feminista, exigente consigo misma y con todos a su alrededor, es el corazón incansable del negocio. Aunque le encanta estar con el público, suele pasar la mayor parte del tiempo en la cocina, controlando cada detalle. “Lo que a ella le falta lo tengo yo, y lo que me falta a mí me lo da ella”, cuenta Javier. “Por eso funcionamos. Porque somos distintos, pero encajamos”.
Y lo cierto es que ese encaje ha dado fruto. La pizza de Pizzería Pepe tiene fama en todo el barrio, igual que sus enormes y muy celebradas milanesas, que ya son seña de identidad. Con masa un poco más gordita, queso generoso y un estilo ítalo-sudamericano muy propio, las recetas se han convertido en tradición local. Muchos vecinos no podrían decir cuántas pizzas han comido allí… pero sí que recuerdan la primera.
A lo largo de los años, la pizzería supo actualizarse, incluso antes de que se pusieran de moda los repartos a domicilio. “Fuimos de los primeros en Coruña en llevar un TPV a casa, hace ya nueve años”, afirma Javier. Hoy cuentan con más de 4.000 clientes registrados en la web, una cifra impresionante para un local de barrio. “Muchos ya no viven aquí, pero siguen pidiendo desde donde estén. Y eso es muy bonito”.
Durante la pandemia, ese cariño mutuo se hizo todavía más visible. “La gente nos llamaba para disculparse por no poder pedir. Fue emocionante”, recuerda. Ellos, por su parte, mantuvieron a toda la plantilla: “No despedimos a nadie. Abrimos sólo con reparto y recogida, y la gente respondió de una manera tremenda”.
Pero el futuro trae retos. La llegada de la intermodal transformará el barrio, para bien o para mal. “Todo esto va a cambiar mucho en diez años. Da un poco de miedo, porque los pequeños comercios sufrimos”, dice. Aun así, confía en que Os Mallos sabrá adaptarse. No en vano es uno de los distritos más unidos y activos de la ciudad, con eventos que ya han servido de ejemplo para otros barrios.
“Lo importante es seguir juntos, como siempre”, asegura. Y Pizzería Pepe quiere seguir siendo parte de esa unión. Aunque muchos negocios del barrio ya superan los 50 años de sus dueños, Javier y Silvia no piensan bajar la persiana: “Queremos seguir aquí, viendo crecer a la gente. Ya vamos por la tercera y la cuarta generación. Los que venían de jovencitos ahora vienen con sus hijos. Eso no tiene precio”.
Para cerrar, Javier deja un mensaje a sus vecinos:
“Gracias. Gracias por estos 22 años, por el cariño, por acompañarnos en cada etapa. Esperamos seguir aquí muchos años más, creciendo, mejorando y con la puerta abierta para comer, para charlar o simplemente para saludar. La historia de Pizzería Pepe está escrita por vosotros”.
En Os Mallos, la pizza puede ser comida rápida. Pero la relación con Pizzería Pepe es todo lo contrario: lenta, profunda, constante.
Una historia de barrio que merece ser contada… y saboreada.