Educación

El flow compartido: aprender música en combo

Charly Drop representa la nueva generación de profesores de Conservatorio que tienden puentes entre la academia clásica y la realidad de la Música Moderna. En el Conservatorio Profesional Privado Presto Vivace imparte Historia de la Música, Armonía y, sobre todo, dirige las agrupaciones de Combo, donde aplica su experiencia como músico en activo para formar bandas juveniles con identidad propia. 
El flow compartido: aprender música en combo
Combos
Combos

Su labor en el Combo no es sólo dirigir un ensayo, sino realizar arreglos personalizados que permiten que alumnos de distintos niveles convivan y suenen como una unidad profesional. 

¿Cómo equilibras los gustos personales de los alumnos con la necesidad pedagógica de que aprendan distintos estilos y lenguajes? 

A mi juicio, el repertorio es el vehículo para introducir contenidos. Empiezo buscando un punto de encuentro: canciones que ellos escuchan y les motivan, pero que contienen los desafíos técnicos que necesito que aprendan (una síncopa difícil, una modulación interesante o un estilo específico). No se trata de imponerles Jazz, Rock, o cualquier estilo porque sí, sino de enseñarles que la buena música, sea del siglo XVIII o del XXI, comparte los mismos cimientos de calidad. 

Como profesor de Armonía también, ¿de qué manera trasladas esos conceptos teóricos al ensayo del combo para que los chicos entiendan por qué suena lo que suena? 

En el combo la armonía deja de ser matemáticas sobre papel para convertirse en emoción. Cuando un alumno entiende que esa tensión que siente en un acorde de séptima dominante es lo que esta pidiendo la resolución a la tónica, su interpretación cambia. Dejamos de leer notas y empezamos a interpretar historias. Mi trabajo en el combo es que dejen de ver la teoría como algo árido y la vean como un mapa que les permite no perderse durante la interpretación. 

En un Combo de Conservatorio, a veces no tienes la formación “ideal” ¿Cómo es tu proceso para arreglar o adaptar piezas para que cada instrumento brille, independientemente de la plantilla que tengas? 

Esa es la parte más creativa de mi trabajo. Un Conservatorio privado es un ecosistema vivo: un año tienes tres guitarristas y ningún pianista, o viceversa. Voy escribiendo arreglos “a medida”. Si tengo un saxofonista muy avanzado y un bajista que está empezando, escribo una línea de bajo sólida pero sencilla que dé seguridad al grupo, y dejo espacio para que el saxofonista destaque. El objetivo es que el conjunto suene profesional, independientemente de la combinación de instrumentos. 

¿Cuál es el mayor reto al enseñar a adolescentes de 14 a 18 años a dejar de escucharse solo a sí mismos para empezar a escuchar al grupo? 

En esta etapa, la combinación de actividades representa una oportunidad para desarrollar la humildad y potenciar la capacidad de escucha activa. En un mundo tan individualista, aquí aprenden que, si el batería corre, el resto se cae; que, si el guitarrista toca demasiado alto, tapa la voz del compañero, etc. El Combo les enseña a empatizar y, además, les da un sentido de pertenencia. Puede que, para algunos, el ensayo del combo sea el momento de la semana donde realmente se sienten ellos mismos. 

Dando también clases de Historia de la Música, ¿intentas que el repertorio del combo sirva para contextualizar épocas o movimientos específicos? 

Absolutamente. Entender el contexto histórico y social de una obra resulta esencial. Conocer y comprender el significado que tuvieron en su origen estilos como el Blues, el Jazz o el Soul es esencial para interpretarlos con más autenticidad. Les explico, por ejemplo, que el “groove” no es solo ritmo, es una herencia cultural. Conocer la historia aporta respeto al género que interpretan, reflejándose en cada nota. 

¿Qué margen de libertad tienen los alumnos para proponer temas o proponer cambios en los arreglos que tú preparas? 

Es fundamental que sientan el proyecto como suyo. Aunque yo marco la dirección técnica, siempre dejo un espacio para que propongan repertorio. Si un alumno trae un tema, veo si es viable para la formación y qué podemos aprender de él. A veces, sus sugerencias de cambios en los arreglos son brillantes porque aportan una frescura que a los que llevamos más tiempo se nos escapa. 

¿Cómo trabajas la frustración y el error durante el montaje de un tema complejo? 

Les enseño que en el escenario el error no es el fin del mundo, sino una oportunidad. En el ensayo, el error es la mejor “herramienta de diagnóstico”. Si un pasaje no sale, no se insiste por fuerza bruta; nos paramos, se analiza la armonía o el ritmo que está fallando y se simplifica o se reconstruye. El reto es que vean el proceso de aprendizaje como un juego de construcción, no como un examen constante. 

¿Cuál es tu “hoja de ruta” habitual desde que repartes las partituras hasta que el tema está listo para directo? 

Empezamos con una escucha activa del tema original para entenderlo. Luego pasamos a la lectura individual de la partitura y la resolución de dudas. El grueso del tiempo se dedica al montar el tema: ajustar el balance de volumen, definir las dinámicas y, lo más importante, decidir dónde van los solos. El último paso es siempre tocar el tema de principio a fin sin parar, pase lo que pase, para simular la presión del directo. 

¿Cómo gestionas el miedo a la improvisación en chicos que vienen de una formación, en muchos casos, académica y clásica? 

El miedo viene de la idea de que improvisar es “inventar de la nada”. Yo les explico que improvisar es hablar un idioma que ya conocen. Empezamos con escalas muy sencillas y motivos rítmicos pequeños sobre una base armónica segura. Cuando ven que la armonía les da las notas que “funcionan”, el miedo desaparece y empieza la diversión. 

¿Cómo ves el papel de estas agrupaciones modernas dentro de la estructura de un conservatorio tradicional? 

Creo que la enseñanza de las músicas, tendencias y estilos actuales es necesaria para que los conservatorios sigan siendo relevantes hoy en día. En la Dirección del Conservatorio Presto Vivace son plenamente conscientes de ello y apuestan por este modelo, ya que esta formación no sustituye a la clásica, sino que la complementa. Un músico del siglo XXI debe ser versátil: debe saber leer una partitura compleja, pero también debe saber tocar de oído, improvisar y adaptarse a un grupo moderno. El Combo es donde se forma ese “músico todoterreno”. 

Sin duda lo mejor será escucharlos y tendremos la oportunidad de hacerlo en la Gala Solidaria Intercentros el viernes 13 de Marzo en el Coliseum, el jueves 11 de Junio en la Sala Garufa y a final de curso en la Plaza de A Cubela promocionados por EL Corte Inglés al aire libre.  Una agenda muy musical en donde invitamos a todos los coruñeses y coruñesas que nos sigan para apoyar a estos jóvenes talentos y futuros profesionales de nuestra ciudad.

El flow compartido: aprender música en combo