Comercio de barrio
Mascotak: una historia hecha a pulso, con los pies en el barrio
Constancia, barrio y mucho trabajo diario.
Entrar en Mascotak es entrar en una tienda de las de verdad. Estanterías llenas, sacos de pienso, jaulas, correas, juguetes y algunos acuarios que llaman la atención de quien se detiene un momento. No es un escaparate impostado ni un espacio pensado para vender rápido. Aquí se viene a preguntar, a aprender y a buscar lo mejor para cada mascota.
Detrás de todo esto están Carolina Gomes y Jorge González, una pareja que llegó a A Coruña en 2011 con una idea clara: empezar de nuevo, pero hacerlo bien.
Ambos son venezolanos. Jorge es hijo de gallegos, de A Coruña, y había pasado aquí muchos veranos. Carolina, por su parte, es hija de padres portugueses. Esa mezcla de raíces y vínculos hizo que Galicia no fuera un destino elegido al azar. Era un lugar conocido, con recuerdos y con una ventaja clave en aquel momento: una casa desde la que empezar sin la presión inmediata de un alquiler.
Llegaron en plena crisis económica, cuando España no invitaba precisamente a emprender. Durante el primer año no abrieron nada. Observaron, estudiaron, viajaron a ferias en Madrid y Barcelona y analizaron distintos sectores. Ambos son ingenieros y habían sido empresarios en su país, una experiencia que jugó a favor a la hora de tomar decisiones con cabeza fría.
El diagnóstico fue claro: el sector de las mascotas resistía mejor que otros. Y además, les gustaba. Siempre habían convivido con animales, de todo tipo. Así nació Mascotak.
En 2012 abrieron su primera tienda, en la avenida de Oza. Lo hicieron como franquicia, una etapa que les permitió entender el mercado, conocer distribuidores y aprender qué buscaba el cliente. Pero pronto se dieron cuenta de que ese formato les quedaba pequeño. Demasiadas normas, poco margen para decidir.
Con paciencia, y sin romper de golpe, fueron preparando el salto a la independencia. Cuando lo dieron, empezó el trabajo más duro: cinco años de crecimiento lento, constante, casi invisible desde fuera. “Trabajo de hormiguita”, como ellos mismos lo definen.
Desde el principio tuvieron clara una idea: una tienda de barrio debía tener stock, variedad y producto disponible. Que el cliente entrara y se llevara lo que necesitaba sin tener que volver dos días después. Eso implicaba inversión y riesgo, pero también construía algo mucho más valioso: confianza y fidelidad.
La segunda tienda, en la Ronda de Outeiro, llevaba tiempo rondándoles la cabeza. Tras dos años de planificación, cerraron el local a finales de 2019. La apertura estaba prevista para el 1 de abril de 2020. Quince días antes, el mundo se paró.
Con el local lleno de mercancía y los gastos corriendo, decidieron abrir igualmente. Mascotak levantó la persiana en plena pandemia. La gente entraba por curiosidad, por necesidad o simplemente por dar un paseo cuando casi todo estaba cerrado. El boca a boca funcionó y el reparto a domicilio, hecho por ellos mismos, se convirtió en una herramienta clave cuando las grandes plataformas no daban abasto.
Hoy Mascotak son dos tiendas consolidadas, con un equipo estable que conoce a los clientes y a sus mascotas. Compiten con internet y las grandes superficies desde otro lugar: el asesoramiento, el trato cercano y el conocimiento real del producto.
La acuariofilia es uno de sus puntos fuertes, una especialidad que viene de lejos. Carolina y Jorge llevan más de 25 años vinculados a este mundo, primero como afición y después como formación continua. No es una sección más: es un espacio técnico y cuidado, que requiere tiempo, experiencia y mucha explicación al cliente.
Mascotak no nació de un golpe de suerte. Es una historia de raíces, adaptación y trabajo constante, de entender el comercio como algo más que vender. Un proyecto construido día a día, con los pies bien plantados en el barrio y la cabeza bien puesta.