AFACO
“Es importante generar un vínculo de confianza y seguridad en los grupos de ayuda mutua”
Junquera atiende a EntreNós en uno de los cuatro centros con los que cuenta la asociación y revela los retos, las dificultades y las satisfacciones que ha experimentado al hacerse cargo de algunas de estas terapias.
¿Cuáles son las principales tareas de las que se encarga en la asociación?
Me dedico principalmente a prestar atención psicológica a familiares y cuidadores. Llevo, por un lado, la parte de atención psicológica individual, pero aquí también contamos con grupos de ayuda mutua, que consisten en reuniones grupales orientadas a crear un espacio de apoyo en el que personas con una situación bastante similar se puedan juntar de manera que podamos compartir experiencias y puntos de vista. Buscamos herramientas de gestión emocional y trabajamos el manejo de emociones. También es un punto de encuentro para resolver dudas y compartir cualquier necesidad. Escuchar esos puntos de vista diferentes puede ser muy beneficioso y muy enriquecedor.
¿Es una labor profesional que permite disfrutar de ciertas satisfacciones a pesar de la dureza de las historias que conoce de cerca?
Es un trabajo muy satisfactorio, aunque a veces se vuelva muy complicado y todos tengamos nuestras mochilas y nuestras cargas y nos llevemos cosas a casa. Resulta muy enriquecedor a nivel personal y profesional, y se crean momentos y energías muy agradables. Siempre he trabajado en el sector de las personas mayores y me había ocupado de personas con demencia, pero antes no había trabajado tan específicamente como en este caso con las familias. El trabajo grupal me ha hecho cambiar algunas ideas preconcebidas. Tal vez antiguamente creía que debía mantener más la distancia y no compartir detalles personales, por ejemplo, pero mi percepción ha variado un poco a través de los grupos de ayuda en los que se remueven muchos sentimientos y se comparten muchas visiones. Aunque se trate de un conjunto en el que hay alguien haciendo un papel profesional, todos formamos parte de él, todos aportamos, y es importante generar ese vínculo, esa confianza, esa seguridad.
A pesar del riesgo de establecer comparaciones, suele destacarse la crueldad de esta enfermedad para las personas más allegadas a quien la sufre.
Todas las enfermedades son duras y complicadas, pero es verdad que esta enfermedad es especialmente devastadora por esa pérdida de identidad. Tu familiar, una de las personas a las que más quieres, sigue estando presente físicamente, pero ya no es quien era. Esa imagen que se tiene, ese rol, esa figura, cambian por completo. Esa es una pérdida muy difícil de asumir.
¿Existe un ambiente de cierta confianza o esperanza en los avances científicos que se publican en torno a esta enfermedad tan presente también en medios periodísticos?
Cada uno tiene su propia sensación y depende de la persona a la que le plantees esa pregunta. A mí me gusta pensar que hay cierta esperanza. Es verdad que se han conseguido avances en los últimos 20 o 30 años. Se están descubriendo nuevos fármacos que pueden ser prometedores y se ha progresado mucho en cuanto a detección. También en cuanto a información y conocimiento de la enfermedad. Ya no se habla genéricamente de “cosas de la edad”, como en otros tiempos. Hay estudios, hay investigaciones... Lo que es muy difícil es que se produzca un cambio drástico de un día para otro.
¿Cómo se tiende a valorar desde aquí la cobertura que ofrece la Sanidad Pública en relación con este problema?
Gran parte del trabajo que hacemos desde estas asociaciones lo llevamos a cabo porque no lo cubre la Administración Pública. Nuestro sistema de trabajo se basa en terapias no farmacológicas que no se ofrecen desde la Sanidad Pública, pero sabemos que esas terapias funcionan en cuanto a prevención y ralentización del avance de la enfermedad. Aquí tenemos un equipo multidisciplinar, con logopedas, terapeutas ocupacionales, educadores, fisioterapeutas, psicólogos... Intentamos ofrecer un tratamiento lo más integral posible.
Es de suponer que la diversidad en síntomas y agresividad de esta enfermedad requiere una versatilidad particular.
Hay muchísima variabilidad entre personas. La demencia en sí misma es un término que engloba diferentes tipos y hay síntomas compartidos y otros que dependen de cada una. No todo el mundo desarrolla la enfermedad de la misma forma, no todo el mundo tiene los mismos síntomas ni experimenta la misma evolución o rapidez.
¿El ocio y la cultura, como se observa en ocasiones, actúan también como estímulo a nivel cognitivo?
Aquí trabajamos con ese tipo de ejercicios: musicoterapia, actividades lúdicas, visitas a distintos espacios culturales y sociales de la ciudad... Pretendemos que consistan en algo tan personalizado como sea posible, en función de los gustos y los objetivos que ha tenido una persona a lo largo de su vida.