Movilidad

La huellas locales de un trolebús de récord

Una línea entre A Coruña y Carballo batió un registro europeo de longitud a mediados del siglo XX, cuando el trolebús empezaba a despuntar en la capital herculina como medio de transporte público moderno y eficiente que simbolizaba un nuevo progreso. Este sistema de locomoción vivió su retirada definitiva a finales de la década de 1970 en la ciudad, pero sigue vigente en numerosas urbes de otros países
La huellas locales de un trolebús de récord
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Trolebús

Ya no recibe guiños de simpatía o reconocimiento, pero se transformó en el rey de la pista de asfalto a mediados del siglo pasado. Los diarios más ligados a la ciudad, a finales de la década de 1940, identificaban la creación y expansión de las líneas de trolebuses con el progreso de un núcleo urbano de grandes aspiraciones. Estos vehículos ofrecían una versatilidad que desplazaba al tranvía como símbolo de dinamismo público y colectivo entre barrios y localidades de relativa proximidad. 

La imagen exterior del trolebús, una máquina imponente de madera y metal que destacaba entre otros medios de locomoción habituales en el circuito urbano, contrastaba con la discreción que transmitía su silencio. El factor ecológico, la ausencia de humo, terminaron entonces por convertirlo en una apuesta de futuro y en un objeto de deseo por parte de instituciones y entidades de diversos ámbitos.

En A Coruña, el trolebús comenzó a sacar sus pértigas al sol con regularidad en 1948 y aunó sentimientos de evolución y esperanza en que la tecnología del momento ampliase las posibilidades de alcanzar diferentes puntos del municipio gracias a este innovador vehículo de cierta capacidad mientras el número de habitantes aumentaba considerablemente y se acercaban las décadas de un desarrollismo desmedido, gris y carente de una visión de conjunto. El boom llegó mucho más lejos al establecerse una red intercomarcal sin precedentes en esta región del mundo.

Línea récord y tarifas urbanas impopulares

Una flota de una decena de trolebuses de tonos cálidos pero apagados completaba su puesta a punto en los talleres de carrocería a finales de 1949. Estaban destinados a romper moldes. La reparación y el acondicionamiento de los desperfectos de la calzada y la electrificación del recorrido aceleraron el estreno de un itinerario de leyenda por su longitud: la ruta de 34 kilómetros que unía A Coruña y Carballo batía un récord en el occidente europeo. Fluía así una novedosa conexión entre el corazón de Bergantiños y la capital de provincia. 

Todo marchó según lo previsto el 23 de febrero de 1950 desde que el primer trolebús partió de Carballo a las seis de la mañana hasta que el último de ellos, que salió de A Coruña en torno a las diez y media de la noche, alcanzó su meta después de un viaje que rondaba la hora y cuarto. Casi mil viajeros habían hecho uso aquel primer día de los trolebuses que cubrían esta histórica línea. 

Veintidós viajes diarios entre comarcas, once en cada sentido, constituían la oferta de la Compañía encargada de un servicio que representaba de forma “evidente” un “progreso”, según apuntaba la Hoja del Lunes tras su inauguración, “aunque las tarifas no sean económicas ni estén al alcance de todas las fortunas”.

Los precios de aquellos viajes se convirtieron en uno de los primeros y grandes puntos de fricción. El Ideal Gallego recogía, en abril de 1950, las quejas de algunos usuarios en una sección titulada ‘Nuestros lectores escriben’, en la que se resumía la propuesta de un lector que deseaba que permaneciesen en funcionamiento los recorridos urbanos de los tranvías con el objetivo de “no privar al modesto trabajador de un medio económico de transporte. De esta forma, los trolebuses constituirán un servicio de lujo, cómodo y rápido, y como hay viajeros para todos los vehículos, se acabarán los hacinamientos”. 

Una conexión física y emocional

La famosa ruta con destino y origen en Carballo trasladaba pasajeros y mercancías, pero las reclamaciones no se limitaban a una cuestión material. El amor también iba a bordo de aquellas moles eléctricas y las frecuencias implantadas podían interrumpir o condicionar las oportunidades de disfrutar de la pasión mutua o de consolidar con paciencia una relación profunda y perdurable.

Así recogía nuevamente El Ideal Gallego, en febrero de 1952, el desencanto de algunos muchachos debido a la eliminación de alguna partida nocturna: “Se nos plantea, por un lector de Carballo, en nombre de muchos jóvenes de la comarca de Bergantiños, un grave problema de conciencia. Resulta que la supresión del trolebús que salía de La Coruña para aquella villa a las once y cuarto de la noche está a punto de causar graves daños al intercambio sentimental entre Carballo y nuestra alegre capital”.

El asentamiento del trolebús y el fin definitivo del tranvía como medio de transporte público a principios de la década de 1960 coincidió con la irrupción de un nuevo vehículo que se convirtió en tendencia y quedó aupado como el nuevo paradigma del progreso: el autobús. Un artículo publicado en El Correo Gallego en septiembre de 1961 consideraba que este nuevo coche vencía por comparación a las alternativas todavía existentes: “El trolebús requiere unas instalaciones costosas y lentas, tiene menos facilidad de movimientos y probablemente menos seguridad de coronar la aguda cuesta de la calle Pla y Cancela, acceso principal para la avenida de Los Mallos”. El diésel comenzaría muy pronto a imperar.

La línea de trolebús entre A Coruña y Carballo echó el cierre en 1971, la década del impulso definitivo al autobús, y a principios de 1979 circularon por la ciudad herculina los últimos trolebuses urbanos. Fue la clausura sin vuelta atrás de una etapa de más de tres décadas. Llegó sin estruendo, en respuesta a la búsqueda de un modelo de eficiencia. Se fue sin ruido, cuando el signo de los tiempos promovía un motor estridente. 

Este tipo de vehículo se retiró, al parecer para siempre, a las cocheras intangibles de la memoria coruñesa, pero no debe etiquetarse a día de hoy como un elemento anacrónico, ya que todavía cubre trayectos relevantes en unas 200 ciudades de toda Europa.

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